China y EEUU: ¿guerra comercial o guerra fría?

19/12/2018 | Timothy Ash (Financial Times)

 

Es interesante que las tensiones en las relaciones entre EEUU y China se hayan enmarcado alrededor de la idea de un estallido de una guerra comercial. Creo que esta caracterización es incorrecta. La tensión acerca del comercio sólo representa una batalla en una guerra más amplia entre los dos países por la hegemonía.

De hecho, se puede pensar en varios frentes de batalla, incluyendo el comercio; el ciberespacio; la defensa y la seguridad (mar de China Meridional); la inteligencia artificial (IA); y la tecnología (5G). Pero ésta es una guerra entre una superpotencia global en declive (EEUU, ya sobrecargado en el Medio Oriente) y una en ascenso (China).

En la batalla relacionada con el comercio, el está buscando un acuerdo sobre los o sobre acceso al mercado para lograr una resolución y permitirle seguir adelante. Pudiéramos imaginarnos una victoria estadounidense en la que, después del periodo de enfriamiento de 90 días acordado en el G20, se pueda llegar a algún tipo de acuerdo mediante el cual China conceda terreno al acceso comercial, o realice otros esfuerzos para reequilibrar su relación comercial con EEUU.

Pero creo que sería totalmente erróneo pensar que un acuerdo de este tipo proporcionará una resolución final o una declaración de paz. De hecho, es probable que ésta sea la primera de muchas batallas futuras en materia de comercio. Y estoy casi seguro de que esto es sólo un frente en la guerra entre EEUU y China por la hegemonía, y que veremos disputas en todos los ámbitos durante los meses y años venideros, ya sea en relación con la telefonía móvil de quinta generación (5G), con la IA, con Taiwán, con el mar de China Meridional, con la Iniciativa Un Cinturón, Una Ruta, o con los chinos frente al ().

El punto clave es que debemos reconocer que la base fundamental de la relación entre EEUU y China ha cambiado. Antes del presidente Donald Trump, la relación era inclusiva, incluso con una simbiosis, al menos desde la perspectiva estadounidense, con la idea de que ayudar a China a desarrollarse, incorporándola a la arquitectura económica y financiera mundial, redundaría en beneficios mutuos; y que una China más poderosa y más rica que fuera “como uno de nosotros” sería bueno para todos.

Desde que el Sr. Trump asumió el cargo, en el Occidente se ha reconocido que este enfoque inclusivo de las anteriores con respecto a China ha fracasado. Puede haber facilitado un crecimiento global más rápido a través de la globalización, pero China ha sido el desproporcionado ganador, y de manera abrumadora.

En lugar de ser simbiótica, la relación ha sido parasitaria: China está matando a EEUU (muerte por China) en términos de su hegemonía global. El creciente consenso en EEUU, y en mi opinión en el Occidente, es que esto tiene que terminar.

La conclusión es que, si bien se pueden realizar acuerdos comerciales a corto plazo, nos encontramos en un largo periodo de , incluso de conflicto, entre EEUU y China, en todos los campos mencionados anteriormente, y en muchos más. Esto pudiera resultar extremadamente perjudicial para los mercados globales.

Volviendo al G20, hay que preguntarse cuál sería el beneficio para EEUU de un acuerdo definitivo con China en materia de comercio. ¿No devolvería esto simplemente la relación entre EEUU y China a la inclusiva y simbisis del pasado, la cual, desde la perspectiva estratégica estadounidense, fracasó?

Lo que parece más probable es que la administración Trump tome todo lo que China tiene para ofrecer en esta ocasión, pero que cualquier acuerdo sea temporal, con la estrategia de EEUU probablemente siendo la de mantener a China en la incertidumbre en términos de la relación, no solamente en materia comercial, sino también en las otras áreas de tensión.

Al mantener a China y a los mercados en la incertidumbre sobre el estado de la relación, es probable que la administración Trump cree una de confianza en China, tanto para los locales como para los extranjeros. Ésta sería la mejor defensa para contrarrestar la tendencia de crecimiento, hasta ahora unidireccional, lograda por China durante las últimas décadas. Quizás ya estemos presenciando esto en información anecdótica proveniente de China.

Es interesante recordar la última guerra fría entre superpotencias — el enfrentamiento entre EEUU y la Unión Soviética — que duró más de 40 años. Durante gran parte de este periodo, las dos partes conocían las “líneas rojas” mutuas, pero sólo después de haberlas puesto a prueba. Algunos ejemplos de estas pruebas fueron el puente aéreo de Berlín, la crisis de los misiles cubanos, la intervención soviética de 1956 en Hungría, y la Primavera de Praga de 1968.

Éstos fueron episodios de extrema tensión en aquel momento, pero establecieron lo que cada país toleraría. Como resultado, para la década de 1980 se había alcanzado un cierto equilibrio, el cual proporcionó un cierto grado de estabilidad. Esto sólo se rompió con la carrera armamentista inspirada por la Sra. Thatcher y el Sr. Reagan, la cual alentó la intervención de Moscú en Afganistán que militarmente extralimitó a la Unión Soviética, exponiendo su debilidad económica. El resto (Gorbachov, Yeltsin, et al.) es historia. EEUU pudo declarar la victoria sobre la URSS.

Esto sugiere que, en la nueva guerra fría entre EEUU y China, vamos a experimentar minicrisis, conforme cada bando discierne las “líneas rojas” del otro. También es probable que veamos batallas subsidiarias entre ellos, lo cual proporcionará puntos álgidos adicionales. No está claro quién será el ganador final.

China and the US: trade war or cold war?

19/12/2018 | Timothy Ash (Financial Times)

 

It is interesting that the strains in US-China relations have been framed around the idea of an outbreak of a trade war. I think this characterisation is incorrect. The tension over trade is just one front, or battle, in a broader conflict or war for hegemony now beginning between the US and China.

We can indeed think of various fronts or battles, including trade, cyber, defence/security (South China Sea), AI/technology (5G). But this is a war between a global superpower in decline (the US, overstretched in the Middle East) and one on the rise (China).

In the battle over trade, the is looking for a deal on tariffs or market access to bring resolution and allow it to move on. One can imagine a US victory where, after the 90-day cooling-off period agreed at the G20, some kind of deal can be reached by which China concedes ground on trade access, or makes other efforts to rebalance its trading relationship with the US.

But I think it would be totally wrong to think of any such deal as bringing a final resolution, or a declaration of peace. Indeed, this could (and is likely to) be the first of many future battles on trade. And I am now near certain that this is only one front in the US-China war for hegemony, and that we will see scraps across the board in the months and years to come, be that over 5G, AI, Taiwan, the South China Sea, the Belt and Road Initiative and Chinese versus the .

The key point is that we must recognise that the fundamental basis for the relationship between the US and China has changed. Before President Donald Trump, the relationship was inclusive, symbiotic even, at least from the US perspective, with the idea that helping China to develop by bringing it into the global economic and financial architecture would bring a win-win, and that a stronger/richer China would be good for everyone.

The idea was that China could be made to be like “one of us”, like the west.

After Mr Trump (or during the administration of Mr Trump), I think there is a recognition, even a growing consensus in the west, that the inclusive approach to China by previous administrations has in fact failed. It may have facilitated faster global growth through globalisation, but China has been the disproportionate winner, overwhelmingly so.

Rather than symbiotic, the relationship has been parasitic or anti-biotic: China is killing the US (death by China) in terms of its global hegemony. So this has to stop — or that, at least, is the growing consensus in the US and, I think, the west.

The conclusion is that while short-term deals on trade might be done, we are in for a long period of , even conflict, between the US and China, across all the fields (and more) mentioned above. This could be very disruptive to global markets.

Returning to the G20, you have to ask what would be the benefit to the US of a definitive deal with China on trade, Surely this would just return the US-China relationship to the inclusive/symbiotic one of the past, which, from a US strategic viewpoint, failed?

What seems more likely is that the Trump administration will take whatever China has to offer this time around — but that any deal will be temporary, with the US strategy likely to be to keep China uncertain, on edge in terms of the relationship, not only on trade but also on the other areas of tension.

By keeping China and the markets uncertain as to the state of the relationship, the Trump administration is likely to create a crisis of confidence around China — for both local and foreign . This would be the best defence to counter the hitherto one-way growth trend achieved by China over the past few decades. Perhaps we are already seeing this in anecdotal information coming out of China.

It is interesting to think back to the last cold war between superpowers, the US versus the Soviet Union, which lasted for more than 40 years. For much of this period, the two sides knew each other’s red lines, but only after they had been tested, for example, in the Berlin Airlift, the Cuban missile crisis, the 1956 Soviet intervention in Hungary, the Prague Spring of 1968, etc.

These were episodes of high tension at the time but, through this, each side learnt the other’s red lines. As a result, by the 1980s something of a balance had been reached, which provided a degree of stability. This was only broken by the Thatcher-Reagan-inspired arms race, which encouraged Moscow’s intervention in Afghanistan, that militarily over-extended the Soviet Union, exposing its weak economic underbelly, and the rest (Gorbachev, Yeltsin, et al) is history. The US was able to declare victory over the USSR.

This suggests that in the new cold war between the US and China, we are going to experience mini-crises as each side works out the other’s red lines. We are also likely to see proxy battles played out between them, which might provide further flash points. It is unclear who the ultimate winner will be.

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