Todo lo que necesita la Grexit son unas cuantas desastrosas semanas más como ésta

11/02/2015 | Wolfgang Münchau – Financial Times Español

Las dos primeras semanas después de la Victoria de Syriza en las elecciones griegas han tenido el efecto temido. El público nor-europeo ha pasado de ser escéptico a ser hostil.

Vimos a Yanis Varoufakis despidiendo unilateralmente a la troika – los tecnócratas que supervisan la política económica griega. Seguimos con sorpresa cómo el ministro griego de finanzas orquestó un gran tour europeo tipo estrella de rock. Lo vimos en Londres entrando a reuniones con administradores de fondos de inversión y posando fuera de Downing Street. Para cuando llegó a Berlín un jueves, los políticos alemanes y los medios le eran más hostiles que nunca. Ya el viernes, Atenas se encontró a si misma aislada en una reunión de autoridades financieras en Bruselas.

Políticamente, la situación ahora es tan mala como lo era en 2010 cuando comenzó la crisis de la deuda griega. Fue una semana completamente desastrosa para la diplomacia económica. Todo lo que nos separa de la Grexit son unas cuantas semanas más como ésta.

Grecia y sus acreedores europeos sólo tienen unos cuantos días más para decidir cómo afrontará el país los siguientes cuatro meses. Los ministros europeos de finanzas tienen que ponerse de acuerdo el miércoles sobre si los fondos para cubrir los gastos comprometidos estarán listos en marzo. Y sólo entonces será cuando Atenas y sus acreedores empezarán a hablar acerca de lo realmente importante – como cuál será el futuro de la economía griega.

Gracias a la decisión tomada la semana pasada por el Banco Central Europeo para incrementar el techo de asistencia de liquidez de emergencia, el sistema bancario griego estará protegido hasta ese momento – pero no por mucho más tiempo. Esto deja como prioridad la cuestión de los fondos a corto plazo.

El Sr. Varoufakis en esencia tiene cuatro opciones o una combinación de ellas. Cada una tiene como opositor a alguno de los actores de este drama.

La primera es la extensión del actual programa. Por procedimiento sería la más sencilla de todas, aceptable para todos – excepto para el gobierno griego. El Sr. Varoufakis ya la ha desechado porque Syriza ganó las elecciones prometiendo que no la continuaría.

Hay quien dice que debe estar tirándose un farol. Podría incluso terminar aceptando las reformas y sufrir la humillación de ver llegar una vez más a Atenas a la odiada troika. La única concesión: una serie de nuevos, y atractivos nombres. Cuidado con los eufemismos en los cuales los programas se convierten en contratos, la troika se convierte en consultor, y la austeridad se convierte en una consolidación cordial para el crecimiento.

Sospecho que el Sr. Varoufakis no vacilará. Incluso si lo aceptara, el parlamento griego lo rechazaría.

La segunda opción es más atractiva para él. Podría solicitar, no sin razón, que el bce liberara pagos de intereses y beneficios de la compra de bonos del gobierno griego durante la crisis. Estos fondos están actualmente retenidos. Incluso si se liberaran, esto no sería suficiente. El Sr. Varoufakis también necesitaría solicitar a los ministros europeos de finanzas su aprobación para elevar el techo de los bonos del tesoro que el gobierno griego puede emitir. Esto se impuso para que Atenas no pudiera emitir demasiada deuda durante el rescate. Si Grecia no acepta un nuevo programa, esta elevación no puede darse por hecho.

La tercera opción es sencillamente encontrar dinero en otro lugar. No hay muchas fuentes disponibles. Moscú en principio ha mostrado su disponibilidad para ayudar, pero no por motivos humanitarios. El dinero ruso implicaría un alto coste político para Grecia. Incluso para el gobierno de Syriza, ésta no es la opción preferida, por lo menos por ahora.

La cuarta opción es emitir una moneda paralela, canjeable solo domésticamente, para financiar el gasto gubernamental – esencialmente unos documentos de deuda IOU. Ésta sería la opción más extrema, pero se encargaría del problema de los fondos. Fácilmente podría ser elaborada como un paso preliminar de Grexit – una salida del euro – o incluso como una acción Grexit. ¿Qué sentido tiene una moneda única cuando tienes dos?

Aunque sea difícil asegurarse fondos a corto plazo, no es nada comparado con las conversaciones sobre la enorme deuda que están por venir. No veo reducción de la deuda, y sólo un pequeño margen para algún tipo de relajación fiscal. La mayor oposición no vendrá de Alemania sino de otros países periféricos, como Portugal, quien no se rebeló contra la troika. El momento de la verdad se aproxima para la eurozona en crisis – pero no será esta semana.

All the Grexit needs is a few more disastrous weeks like this

02/11/2015 | Wolfgang Münchau – Financial Times English

The first two weeks after Syriza’s victory in the Greek elections had the effect I feared. A sceptical northern European public was converted into a hostile one.

We saw Yanis Varoufakis unilaterally dismissing the troika – the technocrats who oversee Greek economic policy. We followed with amazement how the Greek finance minister staged a grand European tour like a rock star. We saw him walking into a meeting with hedge fund managers in London and posing outside Downing Street. By the time he reached Berlin on Thursday, German politicians and the media were more hostile than ever. By Friday, Athens found itself isolated at a meeting of finance officials in Brussels.

Politically, the situation is now as bad as it was in 2010 when the Greek debt crisis began. It was an utterly disastrous week of economic diplomacy. All that separates us from Grexit are a few more weeks like that one.

Greece and its European creditors only have a few days left to decide how the country can get through the next four months. European finance ministers have to agree a compromise at a meeting on Wednesday if the funds to cover the government’s spending commitments are to be in place by March. And only when that happens will Athens and its creditors begin to talk about the really important stuff – like the future of the Greek economy.

Thanks to a decision last week by the European Central Bank to increase the ceiling for emergency liquidity assistance, the Greek banking system will be protected until then – though not for much longer. This leaves the question of short-term funding as the main priority.

Mr Varoufakis has in essence four options or a combination of them. Each of them is opposed by at least one of the key actors in this drama.

The first is an extension of the existing programme. That would be procedurally the easiest of all, acceptable to everybody – except the Greek government. Mr Varoufakis already ruled this out because Syriza just won an election on a promise not to do precisely this.

Some people say he might be bluffing. He may still end up agreeing to reforms and suffer the humiliation of the hated troika descending on Athens once more. The single concession: a series of new, cuddly names. Watch out for euphemisms in which programmes become contracts, the troika turns into a consultant, and austerity becomes growth-friendly consolidation.

I suspect that Mr Varoufakis will not blink. And even if he did accept it, the Greek parliament might not.

Option two is more attractive for him. He could demand, not unreasonably, that the ECB release interest payments and profits from purchases of Greek government bonds during the crisis. These funds are currently on hold. Even if released, this would not be enough. Mr Varoufakis will also need to ask the European finance ministers to agree to lift the ceiling of treasury bills the Greek government can issue. It was imposed so that Athens would not issue too much debt during the bailout. If Greece does not accept a new programme, a lifting cannot be taken for granted.

The third option is simply to find the money elsewhere. There are not that many available sources. Moscow has signalled readiness in principle to help, clearly not out of humanitarian compassion. Russian money would come at a heavy political cost for Greece. Even for the Syriza government, this is not a preferred choice, at least for now.

The fourth option is to issue a parallel currency, redeemable only domestically, to fund government spending – essentially an IOU. This would be the most extreme option, but it would take care of the funding problem. It could easily be construed as a preliminary step to Grexit – a departure from the euro – or even as an act of Grexit. What is the meaning of a single currency when you have two of them?

Difficult as it may be to secure short-term funding, it is nothing compared to the big debt talks that lie ahead. I see no debt reduction, and only marginal scope for a fiscal relaxation of any kind. The biggest opposition will not come from Germany but from other periphery countries, such as Portugal, which did not revolt against the troika. A moment of truth is approaching in the eurozone crisis – but not quite this week.

Copyright &copy “The Financial Times Limited“.
“FT” and “Financial Times” are trade marks of “The Financial Times Limited”.
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