Se le caló el motor a “Motown”: ¿Por qué cayó Detroit en la bancarrota?

31/07/2013 | FxM – Evan Brock Gray

La gente se preguntará: “¿Cómo puede declararse una ciudad entera en bancarrota?”. Para poder contestar, veamos primero lo que es la bancarrota en sí o lo que significa “declararse” en bancarrota. La bancarrota es una insolvencia tan duradera que ya no puedes afrontar tus obligaciones financieras o de deuda ni ahora ni en el futuro. Esto da lugar a una declaración oficial de una “suspensión de pagos” después de la cual se puede solicitar entrar en un “concurso de acreedores” que es un proceso legal en que el sistema judicial te proporciona “protección” a la hora de solventar tus deudas con tus acreedores. Al contrario del mito popular, la bancarrota no significa que te hayas quedado sin dinero, activos, posesiones u otras cosas de valor.

Sin embargo, sí significa que tus acreedores (a los que no vas a devolver lo prestado ni ahora ni en el futuro) sólo recibirán una parte de lo que te han prestado cuando el proceso legal (concurso) haya liquidado tus activos. También significa que ya no puedes refinanciar tus deudas, ya no puedes negociar ni tampoco puedes seguir esperando que, de repente, las cosas empiecen a salir mejor. La decisión de declararse en bancarrota significa que “te libras” de la mayor parte de tus obligaciones (si tenías algunos activos para liquidar) y que la gente que te haya hecho un préstamo o te haya prestado un servicio se queda sin la totalidad de su pago pendiente.

Por otra parte, a diferencia a una empresa o persona jurídica, una ciudad está compuesta de la gente que vive o trabaja (contribuyentes) en ella y por las figuras políticas que la gestionan. Los que controlan la ciudad de Detroit, como el recién nombrado gerente de emergencia financiera Kevyn Orr, el alcalde de Detroit David Bing y el gobernador del Estado de Michigan Rick Snyder, decidieron acogerse al Capítulo 9 de la Ley de bancarrota que en los EE. UU. permite a una ciudad (u otro tipo de municipio) hacerse con la protección legal para no tener que devolver el 100% de sus obligaciones financieras a los acreedores (hay más de 100.000 acreedores en el caso de Detroit). La gente que vive en Detroit ha visto acercarse el día del juicio final durante décadas y, como estará comprensiblemente harta de los remedios políticos cortoplacistas, no teme saltar al vacío de la bancarrota de una metrópolis estadounidense.

También, la gente se ha dado cuenta que no ha tenido mucha elección en el asunto ya que al alcalde Bing le han echado del poder a favor de alguien de fuera: el especialista en la bancarrota de municipios Kevyn Orr. No tener alternativas viables sobre la mesa tampoco es algo nuevo para los residentes de Detroit. La deuda de la ciudad, que se calcula que ronda entre los 18,5 y 20 mil millones de dólares, ha crecido de manera inédita durante décadas gracias a políticas mal gestionadas que, en retrospectiva, fácilmente se identifican como erróneas y equivocadas. Las diferencias políticas, entre otras, han exacerbado los problemas porque la tendencia política de Detroit es fuertemente demócrata mientras el resto del estado y la capital suelen votar a los republicanos. Esto causa una división ideológica sobre cómo contratar deuda, cómo utilizar los fondos obtenidos y cómo/cuándo devolverlos. La refinanciación de la deuda solamente aplaza el dolor pero hace que la vida sea más cómoda en el momento. Pero pagar una deuda con nuevos préstamos a tipos de interés más altos o emitir bonos municipales de baja calidad son actos tan sin sentido como arriesgados. Detroit cogió estos dos caminos a la vez sin encontrar la manera de generar un crecimiento sostenido en sus ingresos públicos. Hoy en día, por cada dólar que la ciudad ingresa, 38 céntimos van a solventar gastos preexistentes, hacer frente a los pagos de interés pendientes y pagar las obligaciones financieras; y ese dato va a duplicarse en menos de 10 años.

La Ciudad del Motor literalmente ha levantado su pie del acelerador en el sentido demográfico, social y económico desde el final de los años 50. Hace mucho tiempo fue une ciudad vibrante, cosmopolita y una gigante industrial. Desde entonces la ciudad ha perdido más del 60% de su población a favor de las ciudades dormitorio de su alrededor y, por ende, perdió la inmensa mayoría de sus contribuyentes fiscales. También existe una fuerte segregación racial y económica (la canción “8-Mile” del rapero Eminem, nativo de Detroit, habla de la calle de 8 millas que físicamente separa a clases socioeconómicas). Los afro-americanos forman el 82% de la población de Detroit y el 33% de Detroit vive bajo el nivel nacional de la pobreza (menos de 22.000 dólares al año entre una familia de 4 personas). Un dato más devastador para la ciudad es que un cuarto de todos los hogares son encabezados por una madre soltera. Todos estos datos suelen llevar a una ciudad a la ruina socioeconómica y, en el caso de Detroit, han persistido durante muchos años.

A Detroit la han puesto el sobrenombre “La ciudad del asesinato” porque, junto con su vecina Flint, Michigan, tiene la tasa de asesinatos más alta de todos los EE. UU. La tasa de desempleo superó el 25% durante el momento más duro de la crisis financiera en 2008-2009 y todavía no ha bajado del 15%. La dependencia de la ciudad y el resto del área metropolitana de las industrias automovilísticas y manufactureras significa que cuando los fabricantes de coches General Motors y Chrysler decidieron acogerse al Capítulo 11 de la Ley de bancarrota, las miles de personas que perdieron sus trabajos ahora tienen muchas dificultades para “amoldarse” al mercado laboral actual. Al tener impuestos muy altos, una red arcaica de servicios municipales y unos sindicatos profundamente arraigados es muy difícil atraer nuevas empresas a establecerse en la ciudad y, posteriormente, que ellas se queden allí.

Detroit ha empezado una espiral económica y política hacia abajo con pocas esperanzas de dar la vuelta, por lo menos hasta ahora. No hay crecimiento económico suficiente para sostener los planes de jubilación, sanidad o pensión (que son inalterables según la constitución del estado) de los funcionarios, grupo al que la ciudad de Detroit debe la mayoría de sus pagos pendientes (3,5 mil millones de dólares). La gente y las empresas siguen dejando la ciudad en busca de mejores oportunidades. La corrupción política ha jugado un papel importante últimamente en los asuntos más íntimos de la ciudad culminando con la condena del ex alcalde Kwame Kilpatrick (junto con su padre y su amigo contratista) por crímenes que van desde ingresos personales de efectivo inexplicados, asociación delictiva, sobornos, extorsión, fraude y evasión de impuestos por los que le han sentenciado a 20-30 años de prisión.

Ahora que los políticos de Detroit han dicho “hasta aquí hemos llegado”, han decidido disparar su última bala: declararse en bancarrota. La ciudad de Detroit podrá salir del concurso de acreedores más grande de la historia de los EE. UU. y empezar “de nuevo” solamente si el proceso legal se lleva a cabo dentro de un tiempo razonable (dentro de un año), de manera responsable (no cancelar los pagos de pensiones pendientes porque sería ilegal y no vender su colección de arte que sería imposible recuperar) y de manera económicamente lógica al fomentar el crecimiento y crear una base fiscal más grande.

A lo mejor ahora es el momento más que nunca para que la gente de Detroit siga el lema oficial de la ciudad: Speramos Meliora; Resurget Cineribus – Esperamos mejorar; volveremos de las cenizas.

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