¿Por qué es tan difícil aprender inglés?

03/05/2018 | Michael Skapinker (Financial Times)

Cuando yo enseñaba inglés en el Puerto del Pireo en Grecia, un colega y yo solíamos pasar nuestro tiempo libre en la sala de profesores especulando sobre cómo sería el idioma más difícil del mundo. Tal vez tendría diferentes terminaciones de verbos para cada día de la semana. O posiblemente la forma de dirigirte a cada persona variaría según la altura de la persona con la que estuvieras hablando.

Por supuesto, el concepto del idioma más difícil es una tontería. La dificultad de un idioma depende de su punto de partida. Como Guy Deutscher escribió en su estimulante libro El Prisma del Lenguaje: “El sueco es muy fácil, si eres noruego, y el español también lo es si eres italiano”. Tanto el sueco como el español son más difíciles para las personas que hablan inglés, aunque no tanto como el árabe, que a su vez es menos difícil si tu lengua materna es el hebreo, como en el caso del Sr. Deutscher.

Pero el Sr. Deutscher demuestra que algunos idiomas tienen características cuya complejidad supera todo lo que mi colega y yo pudiéramos haber soñado. Matsés, un idioma que se habla en la frontera entre Perú y Brasil, tiene formas verbales que cambian dependiendo de si el hablante vio algo con sus propios ojos, lo dedujo, se basó en conjeturas o lo escuchó de otra persona. Supyire, un dialecto en Malí, tiene cinco géneros: humanos, cosas grandes, cosas pequeñas, grupos y líquidos.

¿Cómo es de complejo el inglés? La pregunta surgió después de escuchar los comentarios del presidente francés Emmanuel Macron durante su conferencia de prensa conjunta con Donald Trump y después de leer una entrevista del Financial Times (FT) con Carl-Henric Svanberg, presidente de BP.

Las respuestas que el Sr. Macron dirigió en inglés a la prensa estadounidense fueron realmente impresionantes. Eludió hábilmente cualquier problema diplomático, sin necesidad de un guion. Por otra parte, el Sr. Svanberg, quien es de origen sueco, recordó, lo mal que salió uno de sus encuentros en la Casa Blanca. En declaraciones a los periodistas después de una reunión con Barack Obama durante el desastre del derrame de petróleo de Deepwater Horizon en 2010, el Sr. Svanberg provocó la furia de la prensa después de decir lo siguiente sobre BP: “Nos importan las pequeñas personas”.

“Se suponía que yo iba a responder a un par de preguntas, pero terminé respondiendo a seis y di un traspié con la última”, dijo el Sr. Svanberg, reflexionando sobre los peligros de hablar en un segundo idioma.

Si es difícil para un sueco hablar inglés, ¿cuánto más complicado debe ser para alguien cuyo idioma nativo no tiene ninguna relación con el inglés, como el japonés o el turco?

A primera vista, el inglés parece un idioma fácil de aprender. Cualquier cosa que no sea obviamente masculina o femenina es “it”. No hay necesidad de preocuparse por el género de “teléfono” o “grapadora” o “estupidez”.

Los adjetivos siguen siendo los mismos independientemente del género del sustantivo asociado: mujer valiente, hombre valiente, mundo nuevo y valiente. Salvo en el caso de “-s” en el tiempo presente en tercera persona del singular (“she sings”), los verbos no cambian, sin importar el sujeto (“he ran”, “they ran”).

La palabra “amigo” sigue siendo la misma ya sea que digas “él es mi amigo”, “hola, mi amigo”, “le di una patada a mi amigo” o “es la casa de mi amigo”. En griego, como descubrí en mis días en el Pireo, esta palabra requiere una serie de terminaciones de sustantivos, que cambian según el género del amigo.

Pero hay aspectos del inglés endiabladamente complejos. La ortografía claramente no proporciona una guía consistente para la pronunciación de ciertas palabras. Sólo hay que pensar en “cough”, “through”, “bough”, “though” y “hiccough”; cada una tiene una pronunciación diferente de “-ough”.

Además, existen verbos preposicionales (verbos acompañados por preposiciones), con variaciones incomprensibles en su significado. Los estudiantes de inglés tienen todo el derecho a sentirse “put out” (molestos) cuando tienen que “put up” (alojar) a alguien por una noche, sólo para descubrir que no pueden “put up” (soportar) a esa persona. Es posible que quieran “put off” (posponer) sus clases de inglés para otro momento.

Algunos investigadores han descubierto que los hablantes nativos de idiomas germánicos, que también tienen verbos preposicionales, encuentran que las versiones en inglés son más fáciles de dominar, pero que los estudiantes chinos de inglés hacen todo lo posible por evitarlos.

Como el inglés es indiscutiblemente el idioma de los negocios y la política, aquellos que quieren alcanzar los puestos más altos no tienen otra opción que superar estos obstáculos. Si, como hablante no nativo, logras leer el Financial Times, te encuentras entre los miembros más impresionantes del grupo, y sin duda tendrás tus propios puntos de vista sobre lo que hace que el inglés sea fácil o difícil.

How hard is it to learn English?

03/05/2018 | Michael Skapinker (Financial Times)

When I taught English in the Greek port of Piraeus, a colleague and I used to spend idle time in the staff room speculating on what the hardest language in the world might look like. Perhaps there would be different verb endings for each day of the week. Or possibly the form of address might vary according to the height of the person you were talking to.

The idea of a hardest language is, of course, nonsense. How difficult a language is depends on your starting point. As Guy Deutscher wrote in his stimulating book Through the Language Glass: “Swedish is a doddle — if you happen to be Norwegian, and so is Spanish if you are Italian.” Both Swedish and Spanish are harder for English speakers, although not nearly as hard as Arabic, which, in turn, is less difficult if your mother tongue is Hebrew, as Deutscher’s is.

But Deutscher does show that some languages have features whose complexity outstrips anything my colleague and I dreamt up. Matses, a language of the Peru-Brazil frontier, has verb forms that change depending on whether the speaker saw something with his own eyes, inferred it, relied on conjecture or heard it from someone else. Supyire, spoken in Mali, has five genders: humans, big things, small things, collectives and liquids.

How complex is English? The thought arose after watching French president Emmanuel Macron fielding questions during his joint press conference with Donald Trump and after reading a Financial Times interview with Carl-Henric Svanberg, BP’s chairman.

Mr Macron’s answers to the US press corps in English were hugely impressive. With no script, he skilfully evaded any diplomatic foul-ups. Mr Svanberg, who is Swedish, recalled, on the other hand, how a White House encounter went wrong. Speaking to journalists after a meeting with Barack Obama during the Deepwater Horizon oil spill disaster in 2010, Mr Svanberg had the press pack yelling in fury after he said of BP: “We care about the small people.”

“I was supposed to take a couple of questions but ended up taking six and it was the last one which got me,” Mr Svanberg said, reflecting on the perils of speaking in a second language.

If it is challenging for a Swede to speak English, how much harder must it be for a speaker of an unrelated language such as Japanese or Turkish?

At first glance, English looks an easy language to learn. Anything that is not obviously male or female is “it”. There is no need to worry about the gender of “phone” or “stapler” or “stupidity”. (Lloyd’s List, the shipping newspaper, stopped calling ships “she” in 2002.)

Adjectives remain the same regardless of the gender of the associated noun: a brave woman, a brave man, a brave new world. Apart from the -s in the third person singular present tense (“she sings”), verbs do not change, no matter what their subject is (“he ran”, “they ran”).

The word “friend” remains the same whether you say “he’s my friend”, “hello, my friend”, “I kicked my friend” or “it’s the house of my friend”. In Greek, as I discovered in my Piraeus days, these require an array of noun endings, which differ depending on the gender of the friend.

But there are aspects of English that are devilishly complex. The spelling fails to provide consistent guidance to pronunciation. Consider “cough”, “through”, “bough”, “though” and “hiccough”.

There are the irregular past tenses: arose, became, fell, swore, and many more.

There are also phrasal verbs — verbs followed by prepositions, with wild swings in meaning. Learners have every right to feel put out when they put up someone for the night, only to discover that they can’t put up with them. They may want to put off learning English for another time.

Some researchers have found that native speakers of Germanic languages, which also have phrasal verbs, find the English versions easier to master, but that Chinese learners of English do everything they can to avoid them.

As English is the unchallenged language of business and politics, those who want to rise to the top jobs have no choice but to overcome these obstacles. If, as a non-native speaker, you manage to read the FT, you are among the most impressive of the lot — and will have your own views on what makes English easy or hard.

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