Patentemente absurdo: el Reto Ice Bucket en otro contexto

11/09/2014 | Ben Wolcott – CEPR

Las redes sociales y los comentaristas “profesionales” bullen con novedades y análisis sobre el Reto Ice Bucket, un fenómeno de internet donde la gente hace una combinación de vaciarse un cubo de agua helada y donar dinero, juntando hasta ahora alrededor de 90 millones de dólares para la Fundación ALS. Mientras que el Reto Ice Bucket ha atraído apoyo y críticas desde varios rincones, vale la pena señalar que fundaciones como la ALS, que lucha contra la Enfermedad Lou Gehrig en todos los frentes”, existe en su actual e imperfecta forma debido a la estructura de la ley de patentes.

Felix Salmon argumenta que donar dinero a campañas específicas para alguna enfermedad no es eficiente. Debido a que el gobierno no invierte lo suficiente en investigación básica, numerosas asociaciones realizan campañas para recolectar fondos y dirigir el dinero hacia una investigación específica. Salmon argumenta que sería más eficiente para el gobierno proveer fondos para investigación médica básica en lugar de tener “una serie de asociaciones enfocadas en enfermedades específicas compitiendo entre ellas”. El 21 por ciento del presupuesto de la Fundación ALS se utiliza para recolectar fondos y administración.

En lugar de debatir acerca de si la gente debería o no donar dinero a la Fundación ALS o asociaciones similares tomando en cuenta sus ineficiencias, quiero desarrollar un tema relacionado: las fundaciones privadas no deberían liderar los esfuerzos en investigación médica básica. En su lugar, el gobierno (de EE. UU.) debería incrementar los actuales 30 mil millones de dólares que actualmente se dedican a los Institutos Nacionales de Salud (NIH), de manera que pudiera solventarse este bien público falto de recursos.

Mientras que el NIH realiza investigación básica, los EE. UU. confían en gran medida en el sistema de patentes para animar a las empresas privadas a lograr innovaciones médicas. Mucha gente cree que las patentes son necesarias para fondear la investigación médica, pero esto podría estar muy lejos de la verdad. Los investigadores no necesitan enormes incentivos financieros para realizar su trabajo – se les puede pagar simplemente un salario. Así es como funciona la mayor parte de la economía. Las patentes médicas no son más que ineficientes monopolios apoyados por el gobierno para ayudar a los investigadores a recuperar sus costes. Por ejemplo, debido a que la gente afectada por algunas de las enfermedades más costosas tanto en lo económico como en lo social (por ejemplo el VIH/SIDA) pueden no ser capaces de pagar precios altos, hay poco incentivo para que las grandes empresas farmacéuticas realicen la investigación (que siendo riesgosa) pudiera ser más benéfica. Las patentes crean los incentivos equivocados para los investigadores y las empresas que los contratan.

Las diez empresas farmacéuticas más grandes acaparan un tercio del mercado, y muchas tienen márgenes de beneficio del orden del 30 por ciento. Las grandes farmacéuticas son grandes oligopolios que gastan casi el doble en promoción de lo que destinan a investigación y desarrollo. Es por eso que Gilead Sciences vende Solvadi por 84 mil dólares a pesar de que hay genéricos disponibles por menos de mil dólares en Egipto. Mientras que parte de ese dinero sirve para recuperar costes de investigación, una parte significativa es renta monopólica.

He seguido los ires y venires entre los que critican o apoyan el Reto Ice Bucket. Mientras que quizás entre ellos discrepan en algunas cuestiones, cualquiera fuera de la industria farmacéutica probablemente coincida en que la Fundación ALS no debería liderar la lucha por la investigación básica. El gobierno debería mantener los bienes públicos. Las patentes médicas ciertamente no deberían hacerlo.

Este editorial tiene como origen el CERP. Licencia Creative Commons

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