Pablo Garnica Echevarría (I)

El 28 de diciembre de 1876 nació en Madrid quien estaba llamado a ser uno de los grandes banqueros de la historia española: Pablo Garnica Echevarría1. Sus padres fueron José Garnica Díaz, natural de Mataró (Barcelona), magistrado y catedrático de Derecho Internacional en la Universidad Central, y la navarra Adela Echevarría Bardel.

El joven Garnica siguió los pasos del padre y estudió la carrera de Derecho en la citada Universidad Central y, a renglón seguido, se doctoró. Su brillantez en los estudios le permitió ganar por oposición una plaza de abogado del Estado a los 21 años. Poco después, con 25, ya era diputado a Cortes por Cabuérniga (Santander), sucediendo a su padre en el cargo, lo que confirmaba el del Partido Liberal (el de ambos) en esa localidad montañesa, cuando era el Partido Conservador el que dominaba en la provincia.

Garnica fue secretario del Congreso y director general de lo Contencioso; después pasó a ser fiscal del Tribunal Supremo y subsecretario de Hacienda. Durante la Primera Guerra Mundial, Garnica recibió el encargo de llegar a un acuerdo con representantes de Francia y Estados Unidos para preparar la posguerra. La feliz resolución de este asunto le valió la concesión de la Cruz de Gran Oficial de la Legión de Honor. Desde entonces, representó a España en varias conferencias internacionales, destacando la de Génova de 1921 y las de la Sociedad de Naciones. En 1918 fue ministro de Hacienda interino durante la ausencia del titular, así como ministro de Abastecimientos durante algo menos de un mes; luego, entre diciembre de 1919 y mayo de 1920 desempeñaría la de Gracia y Justicia.

Su primer o con el Español de (Banesto) tuvo lugar en marzo de 1918, cuando fue nombrado censor, cargo que solía servir como preparación para ocupar después plaza en el Consejo. Así ocurrió con Garnica que, en junio de 1919, accedió al órgano de del banco al cubrir la vacante ocasionada por el fallecimiento del conde de Agüera. Al llegar la Dictadura del general Primo de Rivera, los hombres vinculados a los partidos de la Restauración abandonaron la política. Así lo hizo Garnica que encontró nueva ocupación cuando, el 18 de diciembre de 1923, el Consejo de Banesto le nombró administrador delegado, con amplias funciones que incluían las del dimitido director general. Garnica no quiso percibir sueldo alguno, pero se puso al frente de una poderosa Comisión Ejecutiva por lo que se llevaría el 30 por 100 de los atribuidos al Consejo.

Banesto era entonces una entidad con una de del 7 por 100, similar a la del Banco Central, el Banco de Vizcaya o el Banco Urquijo, muy por debajo del casi 22 por 100 que ostentaba el Banco Hispano Americano o del 12 por 100 del Banco de Bilbao. Su presidente desde 1917 era José Gómez-Acebo Cortina, tercer marqués de Cortina, que había sucedido a Manuel García Prieto, primer marqués de Alhucemas. Tanto Cortina como Alhucemas desarrollaron una intensa actividad política en las filas del Partido Liberal, lo que ayuda a explicar la elevación de su correligionario Garnica al máximo poder ejecutivo a finales de 1923. En la Junta de 18 de noviembre de 1924, los aceptaron que Cortina quedase en un segundo plano, tanto por razones de edad (al mes siguiente cumpliría 64 años) como por haber pasado el mes de enero confinado en Fuerteventura por orden del dictador, al haberse publicado en una revista de su propiedad un artículo contrario a la creación de un nuevo destinado a cubrir las ocasionadas a los navieros por requisas efectuadas durante la Primera Guerra Mundial. En el artículo se decía que la intervención pública no tenía sentido porque esas pérdidas se compensaban ampliamente con los beneficios obtenidos por los navieros en sus operaciones durante la coyuntura bélica.

Fiel a los principios del Partido Liberal, Garnica se mostraría siempre partidario de limitar la intervención del Estado en y de no ceder ante las presiones sindicales que se habían redoblado en los años inflacionistas de la Gran Guerra. En las bancarias de 1920-1923, Banesto sería la entidad más opuesta a aceptar fórmulas de colectiva. Cortina llegó a decir, en julio de 1923, que si persistían las presiones Banesto dejaría de ser un para volver a ser un “banco de ”, sin y con escasa plantilla, como en sus orígenes (había sido fundado en 1902 por impulso de Paribas con ese carácter). La decepción fue mayúscula cuando, a finales de 1926, el Gobierno de Primo de Rivera aceptó finalmente que las relaciones laborales fueran encauzadas a través de la negociación colectiva.

El ministro de Hacienda de la Dictadura, José Calvo Sotelo, consolidó el proteccionista, intervencionista y nacionalista que había sido impulsado por líderes del Partido Conservador como Antonio Cánovas o Antonio Maura (mentor de Calvo Sotelo). Curiosamente, el más beneficiado entre los grandes bancos por ese modelo fue Banesto, una entidad dirigida por hombres del Partido Liberal que siempre se había mostrado reticente a su aplicación. Al proclamarse la Segunda República, en abril de 1931, Banesto era la única entidad que amenazaba el liderazgo del Banco Hispano Americano. ¿Qué había ocurrido? Pues que Banesto había sido refundado en 1927 como entidad completamente española, rompiendo con su sometimiento de origen a Paribas y sus aventuras internacionales, y estaba concentrando sus en grandes muy beneficiadas por las del momento. Además, cuatro entidades habían sido absorbidas: Banco Comercial Español (Valencia) (1927), Banco de Burgos (1928-1929), Banco de Oviedo (1929) y Banco di Roma (España) (1930), a las que se añadiría el Banco Gijonés de Crédito (1932) en tiempos republicanos.

La colaboración de Banesto con la Dictadura siempre fue crítica, a diferencia de lo que ocurrió en los casos del Banco de Cataluña o el Banco Central, lo que puso en aprietos a estas entidades cuando se proclamó la República. En diciembre de 1932, falleció Cortina y Garnica asumió la Presidencia. Una de sus primeras decisiones fue nombrar director general a Epifanio Ridruejo Botija, un banquero soriano bien relacionado con las nuevas autoridades. En 1934, la cuota de mercado de Banesto ya superaba el 17 por 100, acercándose al 23 por 100 del Hispano. El otro gran banco madrileño, el Banco Central, se hizo entonces con la red de sucursales del Banco Español del Río de la (su emblemático edificio en la calle Alcalá de Madrid acogería la nueva social) y del Banco Hispano Colonial (que volvía a sus orígenes de banco de negocios). A Garnica le pareció un movimiento muy arriesgado, al que no quiso dar respuesta. El conservadurismo financiero de Garnica era proverbial y estaba viniendo bien para afrontar la de los años Treinta: a diferencia de las otras grandes entidades, Banesto no necesitó crear un fondo de fluctuación de con que eludir la repercusión inmediata en los beneficios de las pérdidas bursátiles.

El estallido de la Guerra Civil, el 18 de julio de 1936, constituyó un suceso inesperado para Banesto. La mejor prueba de ello es que a Garnica le sorprendió veraneando en Noja (Santander), siendo su primera reacción huir a Francia. Pero el 21 de octubre ya estaba en el Consejo de Banesto que se celebró en Burgos (Ridruejo no consiguió salir de Madrid hasta finales de marzo de 1937). En el transcurso de la guerra, Garnica perdería en 1937 a su hija Ana María, asesinada junto a su marido a pesar de estar embarazada en Las Arenas (Guecho), y en 1938 a su hijo José, caído como alférez en el frente de Ciempozuelos. Ana María y José eran dos de los seis hijos que tuvo Garnica con Rosario Mansi González-Tablas. El retablo mayor de la iglesia parroquial de Alcaudete de la Jara (Toledo), destruido durante la guerra, sería reconstruido por la familia Garnica Mansi introduciendo variaciones para que figuraran en hornacinas los temas “Santa Ana y la Niña María” y “San José con el Niño” en recuerdo de los hijos fallecidos. La relación con Alcaudete venía por la familia de la esposa de Garnica.

De los cuatro hijos que sobrevivieron a la guerra, las mujeres (Rosario y Teresa) realizaron buenos matrimonios (con Luis Díez del Corral y Francisco Javier Martínez de Irujo, respectivamente), mientras que los varones (el abogado y economista Pablo y el ingeniero de minas Gabriel) encontrarían acomodo en Banesto y sus filiales. Pablo Garnica Echevarría siempre quiso tener cerca a su hijo Pablo Garnica Mansi y, en noviembre de 1932, le había incorporado a la Inspección para que aprendiese el oficio desde abajo. Hasta 1947 no pasaría a ser director general adjunto, siendo elevado al cargo de director general en 1952. Cuando Epifanio Ridruejo fue nombrado subgobernador del le sustituyó como administrador delegado (lo era desde 1942, cuando Garnica decidió separar ese cargo del de presidente), pero hasta 1964 no fue confirmado en el cargo.


1 El perfil está basado en el texto inédito Banco Español de Crédito, 1902-2013. Más de un siglo de servicio a la economía española, escrito por el autor en 2013. Al final, se ofrece una bibliografía complementaria.

 

BIBLIOGRAFÍA

GARCÍA RUIZ, José Luis (2013), Banco Español de Crédito, 1902-2013. Más de un siglo de servicio a la economía española, texto inédito.

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José Luis García Ruiz (Profesor Titular de Historia Económica de la Universidad Complutense de Madrid)

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