Los asiáticos ahorran y los latinoamericanos gastan

05/05/2018 | Steve Johnson (Financial Times) – Español

Muchos de los participantes en los mercados financieros consideran los mercados emergentes como un bloque amorfo pero, en realidad, las diferencias entre países y regiones pueden superar con creces sus similitudes.

Un claro ejemplo de esto lo representan las tasas de ahorro de sus hogares. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), la gente en Asia emergente típicamente ahorró un 41,5 por ciento de sus ingresos el año pasado, la tasa más alta del mundo.

En marcado contraste, las personas en Latinoamérica ahorraron solamente el 17,6 por ciento, y los africanos subsaharianos sólo el 13,7 por ciento.

Estos últimos pueden tener una válida excusa para su baja tasa de ahorro. Con un Producto Interior Bruto (PIB) per cápita de sólo 3.800 dólares en términos de paridad de poder adquisitivo (PPA), un elevado número de africanos simplemente carecen de los medios para ahorrar.

Sin embargo, el típico latinoamericano no tiene tal excusa. Su ingreso per cápita según esta medida es de 15.400 dólares, por encima de los 10.600 dólares, la media del mercado emergente.

Quienes viven en lo que el FMI define como “Asia emergente y en desarrollo” son notablemente más pobres, ganando un promedio de 9.900 dólares en términos de PPA el año pasado. Sin embargo, su tasa de ahorro sobrepasa la de cualquier otro lugar en el planeta.

Estos patrones se mantienen básicamente a través de sus respectivas regiones. Las tasas de ahorro son más altas en 12 de las 13 mayores economías emergentes de Asia que lo que son en cualquiera de los ocho países más poderosos de Latinoamérica.

Como tales, algunos creen que la explicación para el comportamiento divergente es en gran parte cultural.

“Siendo indio, cuando creces en una economía de escasos recursos aprendes a preservar los recursos y a ahorrar”, comentó Rahul Chadha, director general de inversiones de Mirae Asset Management.

“Una opinión sobre el asunto es que todo es cultural”, dijo Neil Shearing, economista principal de mercados emergentes de Capital Economics, “que los latinoamericanos viven el momento y que los asiáticos son todos muy diligentes y trabajadores, y tienen una tendencia natural a ahorrar”.

Sin embargo, el Sr. Shearing también declaró que tal respuesta pudiera ser demasiado simplista e incorrecta.

El Sr. Shearing considera que un factor influyente de mayor importancia es el nivel de provisión de beneficios sociales por parte del Estado, lo cual tiene como resultado en que muchos asiáticos elijan ahorrar más para compensar las relativamente deficientes redes de protección social comunes en la región.

Brasil, por ejemplo, tiene una “amplia red de protección social y un sistema de pensiones en el que se tienen que hacer contribuciones casi mínimas a cambio de una pensión digna”, declaró el Sr. Shearing.

Las tasas de reemplazo de Brasil — las cuales miden el ingreso de un individuo después de la jubilación relativo a su salario antes de la jubilación — “están entre las más altas del mundo y son financiadas por el gobierno. En Asia, las redes de protección social son mucho más pequeñas”, agregó el Sr. Shearing.

Marios Maratheftis, economista principal de Standard Chartered, está de acuerdo, argumentando que en India, Indonesia y China, una gran cantidad del ahorro de los hogares es “precautorio”, y que no existiría si estos países tuvieran mejores sistemas de salud y de pensiones financiados por el Estado.

En cuanto a Latinoamérica, el Sr. Maratheftis cree que un continente notorio por “una historia de alta inflación que ha eliminado el ahorro” es poco probable que sea uno donde los altos niveles de ahorro se hayan convertido en la norma.

La cuestión de si una tasa alta o baja de ahorro es o no preferible — y por lo tanto qué continente tiene un modelo mejor — probablemente se reduce a una opinión personal.

El Sr. Shearing señaló que un nivel mínimo de ahorro interno es necesario para financiar la inversión, a menos que un país opte por depender de la financiación extranjera, la cual conlleva el mal hábito de evaporarse justo cuando más se necesita.

Las desventajas de tener un Estado de beneficios sociales al estilo brasileño también son evidentes en la actualidad, con el Gobierno Federal luchando por encontrar los recortes de gastos que se consideran necesarios para hacerle frente al déficit presupuestario — actualmente de más del 10 por ciento del PIB — teniendo en cuenta que alrededor del 95 por ciento del gasto público, en áreas tales como las pensiones y la educación, está asignado por la constitución.

Dada la mezcla de ahorros de pensiones relativamente bajos, pero de provisión de pensiones relativamente generosa del país, con el déficit cubierto por el gobierno, quizás no es sorprendente que el sistema de pensiones de Brasil sea ampliamente percibido como un camino hacia el colapso.

Allianz clasificó a Brasil como el segundo país con el sistema de pensiones menos sostenible de entre 50 países en 2014 (solamente mejor que el de Tailandia), mientras que, el año pasado, Mercer lo clasificó como el tercero menos sostenible (por delante de Italia y Austria) entre 25 Estados.

El Sr. Shearing va más allá, argumentando en contra de los Estados de beneficios sociales al estilo brasileño en los que las personas que más se benefician tienden a ser de las clases media y alta, quienes tienen buenas pensiones”.

Por otra parte, es probable que China tuviera más éxito en su continuo esfuerzo para reequilibrar su economíaalejándola de la inversión y encaminándola hacia el consumo — si reforzara su sistema de bienestar social, reduciendo así la necesidad de que los hogares ahorren como medida de precaución.

Una visión alternativa sería que, en un mundo cada vez más globalizado y materialista, los asiáticos más jóvenes comenzaran a comportarse más como sus contrapartes en el resto del mundo, independientemente de las políticas gubernamentales.

El Sr. Chadha indicó que él no está convencido de que sus propios hijos o sus nietos tendrán el mismo deseo de ahorrar como lo tuvo su generación en India, mientras que sus colegas chinos más jóvenes también parecen estar rechazando la tendencia.

“Me sorprende cuánto gastan. Ellos tienen una perspectiva diferente frente a la vida”, declaró el Sr. Chadha.

Asians save, but Latin Americans spend

05/05/2018 | Steve Johnson (Financial Times) – English

Many financial market participants view emerging markets as one amorphous bloc but, in reality, the differences between the countries and regions of the EM firmament can far outweigh their similarities.

One glaring example of this is in their household savings rates. People in emerging Asia typically saved 41.5 per cent of their income last year, according to the International Monetary Fund, the highest rate in the world.

In stark contrast, those in Latin America put aside just 17.6 per cent, and sub-Saharan Africans just 13.7 per cent.

The latter can be excused their low savings levels. With per capita Gross Domestic Product of just $3,800 in purchasing power parity (PPP) terms, far too many Africans simply lack the wherewithal to save.

But the typical Latin American has no such excuse. Their per capita income by this measure is $15,400, above the emerging market average of $10,600.

Those living in what the IMF defines as “emerging and developing Asia” are markedly poorer, earning an average of $9,900 in PPP terms last year. Yet their savings rate towers over anywhere else on the planet.

These patterns hold pretty much across their respective regions. As the chart shows, savings rates are higher in 12 of the 13 largest emerging Asian economies than in any of the eight Latam heavyweights.

As such, some believe the explanation for the divergent behaviour is largely cultural.

“As an Indian, when you grow up in a scarce resource economy you learn to preserve resources and save,” says Rahul Chadha, chief investment officer at Mirae Asset Management.

“One take on it is that it’s all cultural, that Latin Americans live for the moment and Asians are all very diligent and hard-working and have a natural tendency to save,” says Neil Shearing, chief emerging markets economist at Capital Economics.

However, while Mr Shearing says “there might be something to that” he believes such an answer is also “slightly lazy”.

“If you talk to an Indian 30-year-old, his first priority would be to pay the mortgage and the same would be the case in China,” says Mr Chadha, who adds that the family-based pooling of wealth common in countries such as India means “leverage is frowned upon”.

Mr Shearing believes a bigger factor is the level of state welfare provision, with many Asians choosing to save more to compensate for the relatively threadbare safety nets common in the region.

Brazil, for instance, has a “wide safety net and a pension system where you have to make almost minimal contributions in return for a decent pension”, he says.

Replacement ratios, which measure an individual’s post-retirement income relative to their pre-retirement salary, “are among the highest in the world (in Brazil) and all funded by government. In Asia, welfare safety nets are much smaller,” says Mr Shearing.

Marios Maratheftis, chief economist at Standard Chartered, arguing that in the likes of India, Indonesia and China, a lot of household saving is “precautionary”, that would not exist if these countries had better publicly-funded healthcare or pension systems.

As for Latin America, he believes that a continent notorious for “a history of high inflation wiping out savings” is unlikely to be one where high levels of saving have become the norm.

Mr Shearing believes another piece of the jigsaw, and one that can help explain the divide between China and the Philippines, is demographics.

The Philippines has a much younger population than its northern neighbour (with a median age of 23.2 versus 36.8 in China, according to the CIA World Factbook), and older workers tend to save more for retirement, he argues.

The question of whether or not a high or low savings rate is preferable, and thus which continent has a better model, probably comes down to personal opinion.

Mr Shearing points out that a minimum level of domestic savings is necessary to fund investment, unless a country opts to rely on foreign funding, which can have a nasty habit of evaporating just when it is most needed.

The downsides of a Brazilian-style welfare state are also apparent at present, with the federal government struggling to find the spending cuts deemed necessary to tackle a budget deficit running at more than 10 per cent of GDP, given that around 95 per cent of government spending, in areas such as pensions and education, is earmarked by the constitution.

Given the country’s mix of relatively low pension savings but relatively generous pension provision, with the shortfall covered by the government, it is perhaps unsurprising that Brazil’s pension system is widely perceived as heading for the rocks.

Allianz rated Brazil as having the second least sustainable pension system among 50 countries in 2014 (better only than Thailand), while Mercer last year ranked it as the third least sustainable (ahead of Italy and Austria) among 25 states.

Mr Shearing goes further, arguing against Brazil-style welfare states that “extend right up the income distribution” as “the people who benefit the most tend to be middle and upper classes who get good pensions”.

On the other hand, it is likely that China would have more success in its ongoing drive to rebalance its economy away from investment to consumption if it was to beef up its welfare system, reducing the need for households to make precautionary savings.

An alternative view would be that, in an increasingly globalised and materialistic world, younger Asians will start to behave more like their peers elsewhere, irrespective of government policies.

Mr Chadha says he is far from convinced his own children or grandchildren will have the same desire to save as his generation of Indians did, while his younger Chinese colleagues also appear to be bucking the trend of their countrymen and women.

“I’m surprised how much they spend. They have a different perspective towards life,” he reports.


Copyright &copy “The Financial Times Limited“.

“FT” and “Financial Times” are trade marks of “The Financial Times Limited”.
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