Las chicas buenas no piden más… ¿y por eso cobran menos?

14/05/2014 | EconomíaEnDosTardes

Dejemos de buscar culpables para justificar nuestro menor salario. Atención mujeres trabajadoras: la culpa es posible que sea nuestra. Las mujeres cobramos menos porque no pedimos más.

Esta era básicamente la conclusión del artículo “Nice girls don’t ask” publicado en Harvard Business Review hace casi un año. Varios estudios de comportamiento y encuestas concluían que las trabajadoras tienen más reparos a la hora de plantear una negociación laboral. Las mujeres tienden a conformarse con lo que se les da. Forma parte de cómo nos han educado, argumentan las autoras de este artículo. Incluso algunas compañías penalizan a las trabajadoras que exigen mejoras en sus condiciones laborales.

¿Es esto cierto? ¿Tendemos las mujeres a asumir que nuestro trabajo terminará siendo reconocido y premiado (el síndrome de la tiara le llaman algunos)? Tras consultar con unas cuantas amigas y conocidas en puestos de responsabilidad, la gran mayoría estaba de acuerdo: en comparación con sus colegas, ellas piden mucho menos.

“La mujer quiere ser valorada por lo que hace sin tener que propagar que lo ha hecho bien. El hombre exagera lo que ha producido y se esfuerza en que todo el mundo lo vea y sea consciente de lo que ha hecho”, comenta Olivia (nombre ficticio) con más de trece años de experiencia en el mundo financiero. Ella, que ocupa en la actualidad un cargo de responsabilidad, cree sin embargo que la principal dificultad de una mujer no radica en conseguir la igualdad de sueldos, sino en llegar a los cargos altos. “El factor más relevante es que la mayoría de puestos directivos están cubiertos por hombres. Es difícil para una mujer entrar en ese círculo, compartir los mismos intereses fuera del trabajo, salir con ellos etc.”

Catherine Brooks, 10 años directora de marketing en varias empresas opina que “el sentimiento de que las mujeres deberían ser majas, amables y femeninas sigue vigente en muchas empresas españolas. Este sentimiento choca con cualquier intento de las mujeres de exigir una mejora de condiciones laborales o de ser competitivas.”

“Sí es así. Quizá por un sentimiento de responsabilidad… Pero desde luego hay que superarlo y solicitar lo que queremos”, opina Elena Gómez del Pozuelo, coautora del blog Mujeres consejeras y consejables. “Nunca nos hemos sentido discriminadas por ser mujeres y por reclamar más. El problema radica en que, muchas veces, cuando tenemos hijos, nosotras mismas nos autolimitamos porque nos echamos a la espalda toda la responsabilidad. Y no nos sentimos con derecho a reclamar más.”

Vale. Lo admitimos. Parece bastante claro que las mujeres tenemos un problema a la hora de negociar. ¿Qué podemos hacer? Elena Ortega, coach y consultora de formación y desarrollo, recomienda: “No hay que tener miedo al no. Solemos tomarnos una negativa como una ofensa o agresión y eso provoca una caída de nuestra autoestima. Por lo tanto, preferimos evitarlo antes que enfrentarnos a esa situación. También una petición supone exponerse de alguna manera: estamos reconociendo que necesitamos la ayuda de otra persona para lograr el resultado deseado. Pedir implica que no podemos lograr algo sin colaboración.”

Martina (nombre ficticio) consiguió un ascenso hace un año en una multinacional. Está muy contenta con su nuevo trabajo. Llevaba tiempo deseando asumir más responsabilidad. Pero la promoción no vino acompañada de un incremento de salario. Durante meses esperó a que se solucionara, y ahora está a punto de plantarse: o le reconocen su categoría, o renuncia al puesto.

“Una de las principales consecuencias que tiene el no saber pedir, además de la frustración por no obtener lo deseado, es el resentimiento que generamos hacia el otro/a. Estamos tan convencidos de que debería conocer lo que queremos aunque no lo pidamos, que como no nos lo da, se genera en nosotros rabia hacia él/ella. Y al final estallamos”, explica Ortega.

Pero a Martina le surge otra pregunta: “¿por qué la empresa no es la que da el paso? ¿Qué función tienen los departamentos de Recursos Humanos sino la de garantizar la igualdad de condiciones para dos personas que realizan el mismo trabajo? Y no sólo hablo de hombres vs. mujeres, sino trabajadores del mismo sexo.”

La falta de determinación femenina no parece ser la causa de su representación minoritaria en los puestos directivos (hoy El País publicaba un artículo al respecto. Según la CNMV en España las mujeres ocupan un 19% de los cargos ejecutivos). Otro experta argumenta en este artículo que a las mujeres lo que les hace falta es un “padrino” que les ayude a escalar puestos. Este tipo de relación, sin embargo, suele ser más habitual entre hombres. Las mujeres tendemos a no prestar la atención debida a esta red de os, explica la autora del artículo.

Pero aún teniendo un patrocinador de alto nivel, como en el caso de Anne Marie Slaughter (ex asesora de Hillary Clinton), “las mujeres no lo pueden tener todo. Al menos no hoy en día”, concluía esta experta en asuntos internacionales en un artículo que suscitó mucha polémica en EE.UU. Slaughter renunció a su cargo en el Gobierno de Obama porque se dio cuenta de que su trabajo, lejos de su familia, no era compatible con la educación de dos hijos adolescentes. “Las mujeres que han conseguido ser a la vez madres y profesionales al más alto nivel son supermujeres, ricas o autónomas. Hay que cambiar muchas cosas si realmente queremos conseguir la igualdad de oportunidades”, concluye Slaughter.

Fuente: de Rebeca Gimeno y Marta Soria: dos economistas – periodistas que tratan de explicar la economía para que la entienda todo el mundo.

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