¿La “economía espacial” será igual que la economía en la Tierra?

20/07/2018 | John Thornhill – Español

Parece que estamos manejando la economía aquí en el planeta Tierra de forma un poco desastrosa. ¿Nos irá mejor en el espacio? La última frontera fue alguna vez el área de juegos exclusiva de los complejos militares-industriales de las superpotencias, conforme se desarrollaba la Guerra Fría sobre nuestras cabezas. Pero el espacio se ha globalizado y democratizado rápidamente, y se ha abierto a otros países y compañías del sector privado.

Aproximadamente unos 40 gobiernos gastaron un total de 64 mil millones de dólares en actividades espaciales en el año 2013, encabezados por EEUU, China, Rusia e India, según los últimos datos de la OCDE. También ha surgido una nueva generación de empresarios espaciales — como Elon Musk yJeff Bezos — quienes se han prometido transformar la economía de los viajes espaciales. Más de 50 operadoras de telecomunicaciones vía satélite le dan servicio a un mercado que se desarrolla cada vez con mayor rapidez.

Rupert Pearce, director ejecutivo de Inmarsat, una de las mayores operadoras, dice que la industria de los satélites está en proceso de transformación. “Hemos visto un cambio increíble en el ritmo de la innovación“, dice. “Estamos viviendo en un mundo de conectividad omnipresente”.

Gracias a la revolución de los datos, la demanda de comunicaciones vía satélite está creciendo rápidamente. Se prevé que el número de dispositivos conectados aumente de 5 mil millones a 20 mil millones en los próximos cinco años conforme la “Internet de las cosas” se convierte en realidad. Los vehículos sin conductor podrían provocar un aumento de la demanda de los servicios de geolocalización. La parte de la industria relacionada con la oferta está evolucionando a la misma velocidad a la que los satélites se vuelven más pequeños, más baratos y más sofisticados.

Una de las compañías que está aprovechando las oportunidades es Planet, una empresastartup” estadounidense que está enviando enjambres de pequeños satélites con cámaras al espacio para brindar imágenes casi constantes de la Tierra, lo cual ayuda a los ecologistas a supervisar la deforestación o a los gestores de fondos a seguir el rendimiento de los cultivos.

Estas actividades “downstream”, o derivadas, en gran medida dirigidas por el sector privado, están floreciendo principalmente por sí mismas. Pero las actividades “upstream”, o preliminares, son más complejas, pues siguen siendo en su mayoría del dominio exclusivo de las instituciones nacionales e internacionales. ¿Quién debe regular y gestionar los recursos extraterrestres? ¿Cómo financiaremos infraestructuras como la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés), cuyo desarrollo costó alrededor de 100 mil millones de dólares? ¿Quién tiene el derecho a beneficiarse de — o gravar — las actividades de minería en asteroides?

Para estimular las nuevas ideas, la NASA desafió a los economistas a analizar el desarrollo económico de la órbita terrestre, o “espacio comercial”. Sus sugerencias fueron publicadas este mes.

La cuestión clave es cómo puede el sector público interactuar de la mejor forma posible con el sector privado. En el año 2011, la NASA creó el Centro para el Avance de la Ciencia en el Espacio para estimular a las instituciones públicas y empresas comerciales a utilizar la ISS como plataforma para la innovación. Los economistas desarrollaron varias buenas ideas. Se podrían crear extensas bases de datos para registrar la investigación espacial. Una cobertura de seguros más inteligente podría ayudar a atraer empresas “startup” con poca capitalización. Las empresas de biotecnología podrían ofrecer incentivos para explotar un ambiente de microgravedad.

Pero teniendo en cuenta la mayor parte de las contribuciones a la NASA, parece que la economía espacial va a terminar siendo bastante semejante a la de la Tierra, donde el sector público falto de dinero sigue siendo esclavo del sector privado. La preocupación es que los costes de la infraestructura serán socializados mientras que los beneficios serán privatizados.

Sería una pena que eso sucediera. Dado su extraordinario historial de logros, la NASA es una institución del sector público a la que se le debe permitir soñar en grande y se le deben asignar fondos para sus esfuerzos de investigación. Sería afín al espíritu de exploración espacial experimentar con diseños económicos mucho más audaces.

There is a job for regulators in the space economy

20/07/2018 | John Thornhill – English

We seem to be making a bit of a mess of running the economy on planet earth. Can we do any better in space? The final frontier was once the exclusive playground of the superpowers’ military-industrial complexes, as the cold war played out above our heads. But space has rapidly been globalised and democratised, opening up to other countries and private sector companies.

Some 40 governments spent a total of $64bn on space activities in 2013, led by the US, China, Russia and India, according to the latest figures from the OECD. A new generation of space entrepreneurs, including Elon Musk and Jeff Bezos, has also emerged, promising to transform the economics of space travel. More than 50 satellite telecommunications operators supply an increasingly fast-changing market.

Rupert Pearce, chief executive of Inmarsat, one of the biggest of those operators, says the satellite industry is being transformed. “We have seen an incredible step change in the pace of innovation,” he says. “We are living in a world of pervasive connectivity.”

Thanks to the data revolution the demand for satellite communications is expanding fast. The number of connected devices is forecast to rise from 5bn to 20bn over the next five years as the “internet of things” becomes a reality. Driverless cars could create a surge in demand for geolocation services. The supply side of the industry is evolving just as fast as satellites become smaller, cheaper and more sophisticated.

One company taking advantage of the opportunities is Planet, a US start-up that is putting swarms of small satellites into space with cameras to provide near-constant images of earth, helping environmentalists monitor deforestation or fund managers track crop yields. “We are getting to the point in the global sensing revolution where we can access real-time image data,” says Robbie Schingler, Planet’s co-founder.

These “downstream” activities, largely run by the private sector, are flourishing pretty much by themselves. But things are more complex “upstream”, which is still mostly the preserve of national and international institutions. Who should regulate and manage this extraterrestrial resource? How will we finance infrastructure such as the International Space Station, which cost about $100bn to develop? Who has the right to profit from — or tax — asteroid mining?

To stimulate fresh thinking, Nasa challenged economists to examine the economic development of low earth orbit, or “commercial space”. Their suggestions were published this month.

The critical question is how the public sector best interacts with the private sector. In 2011, Nasa set up the Center for the Advancement of Science in Space to encourage public institutions and commercial enterprises to use the ISS as a platform for innovation. The economists have several good ideas for this. Comprehensive databases could be created to record space research. Smarter insurance could help entice thinly capitalised start-up companies. Biotech firms could be incentivised to exploit a microgravity environment.

But based on most of the contributions to Nasa, it looks as if the space economy will end up pretty much like the one on earth, where the cash-strapped public sector remains in thrall to the private sector. The worry is that the infrastructure costs will be socialised while the profits are privatised.

That would be a shame. Given its extraordinary history of accomplishment, Nasa is one public sector institution that should be allowed to dream big and given funding for its research efforts. It would be in keeping with the spirit of space exploration to experiment with far bolder economic designs.


Copyright &copy “The Financial Times Limited“.

“FT” and “Financial Times” are trade marks of “The Financial Times Limited”.
Translation for Aerosolutions with the authorization of “Financial Times”.


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