El “New Deal” para Europa: más reformas, menos austeridad

26/04/2013 | Philip Stephens – Financial Times

La Guerra del Error de Codificación es un aviso de que la economía es demasiado importante para dejarla en manos de los economistas.

Gran Bretaña y España entraron en guerra una vez debido a una oreja cortada a un capitán naval. Los anales de los conflictos extraordinarios seguramente apuntarán la Guerra de la Oreja de Jenkins como un asunto bastante ordinario en comparación con la Guerra del Error de Codificación en la Hoja de Cálculo de hoy en día.

Los economistas han entrado en guerra. Durante mucho tiempo, un bando ha afirmado que hay pruebas de que una alta deuda pública impide al crecimiento. Los gobiernos europeos se han unido a las filas, devastando el continente bajo la bandera de austeridad. Ahora un ejército rival de académicos asegura que las estadísticas estaban alteradas. Al final, la causalidad quizá fluye en la dirección contraria: el bajo crecimiento aumenta a la deuda.

Los economistas de Harvard Carmen Reinhart and Kenneth Rogoff habían propuesto que la deuda por encima del 90% de los ingresos nacionales casi siempre estaba asociada con un crecimiento reducido. El significado de esto fue que los recortes profundos eran la única vía para volver a la prosperidad. Ahora unos economistas de la Universidad de Massachusetts Amherst afirman que los resultados reflejan un “error de codificación” de los datos y una agregación dudable. La suposición de que una deuda alta siempre equivale a bajo crecimiento no estaba sustentada en las pruebas.

Yo sé en qué bando estoy, pero después de la pésima experiencia de los últimos años (¿te acuerdas de los economistas que proclamaron que el capitalismo financiero liberal era la piedra filosofal?), es tentador (simplemente) encogerse de hombros. Pero sería un gran error. Esta lucha particular merece más que un suspiro de comprensión. Es un sano recordatorio de que la economía es demasiado importante para dejarla en manos de los economistas. Es más, presenta una oportunidad a los políticos para escapar de una ortodoxia errónea.

La austeridad excesiva ha llevado a gran parte de Europa a la depresión. A pesar de los amplios recortes al gasto y el aumento de impuestos, la deuda se ha incrementado. La crisis del euro puede haber terminado, en el sentido de que la amenaza existencial a la moneda se ha desvanecido. Pero la crisis dentro del euro está extinguiendo el consenso político para la integración europea. El continente necesita desesperadamente modificar su curso.

La solución no es un nuevo impulso al gasto. Un alto precio debe ser pagado por el gasto no controlado y la burbuja crediticia que terminaron en una crisis global. Pero el ritmo y el tiempo importan. A los gobiernos que muestran determinación para alcanzar un crecimiento perdurable mediante reformas se les debe otorgar más tiempo para acabar con los déficits.

A lo largo de los dos últimos años los políticos han preferido conseguir credibilidad en los mercados a lograr un desempeño económico real. Y no ha funcionado. Quienes negocian con Bonos como Bill Gross, de Pimco, ahora atacan la austeridad, pidiendo medidas para reactivar el crecimiento. El mercado de Bonos, como los economistas, no son conocidos por su consistencia. En este sentido, entonces, el Sr. Gross está en lo correcto.

La presente confusión – visible en los debates abiertos en el Fondo Monetario Internacional – da la oportunidad a los banqueros centrales y a los políticos de meditar sus acciones. La respuesta debe ser un cambio de política calibrada para combinar reformas aceleradas con plazos fiscales flexibles e incrementos en la inversión. Hasta ahora los recortes fiscales han caído del lado de la demanda, lo que debe ser eliminado mediante políticas que expandan el potencial productivo.

Gran Bretaña está en la misma condición que la eurozona. Después de tres años de austeridad, la economía y los préstamos están sin cambios. Las políticas enfocadas en ganarse a los mercados financieros han sido premiadas por las agencias calificadoras con notas a la baja. Inexplicablemente, el Tesoro ha recortado las inversiones en capital mientras incrementaba las transferencias para pagar a los jubilados. Gran Bretaña pronto superará a Grecia en préstamos solicitados.

Por otra parte, hay una o dos buenas noticias. Alemania no sancionará los grandes estímulos en la periferia de la eurozona; la canciller Ángela Merkel mantendrá bajo control su chequera antes y después de la elecciones alemanas de septiembre.

Por ello, las políticas alemanas se han vuelto más sutiles. La estadística más vigilada en Berlín son las medidas de competitividad. Por supuesto que se oye decir a los políticos alemanes que España, Portugal y similares deben reducir sus préstamos y su deuda. Pero los indicadores que importan son los relativos a unidad de coste, productividad y exportación. En esto es en lo que Alemania reconoce un progreso tangible.

Esto deja espacio para una nueva negociación entre deudores y prestamistas. La ventaja de un intercambio explícito entre reformas más agresivas y plazos fiscales más amplios es que podría a la vez ofrecer un mensaje político más digerible a los electores y lograr credibilidad en los mercados. Ambos deben tener garantías de que las duras reformas ofrecen una vía de salida de la trampa de la deuda que los encauce hacia el crecimiento económico tan necesario para tener unas finanzas públicas sanas.

El alto desempleo en Europa no es solo el reflejo de la recesión. Frecuentemente refleja mercados laborales anquilosados que dejan fuera a los jóvenes y desincentivan la inversión y la innovación. Aumentar la edad de jubilación genera no solo más crecimiento sino confianza en los mercados acerca de la sostenibilidad fiscal – y promueve la equidad entre generaciones. Reducir impuestos al empleo impulsa el crecimiento de las empresas y el empleo. La educación y la capacitación son elementos vitales de la competitividad. Modernizar estructuras esenciales puede asegurar ingresos durante un largo periodo en base a una sola inversión.

Las circunstancias piden ahora a los políticos tener confianza para liberarse de la teoría económica que ha sido desbancada. Los economistas no siempre erran; tampoco el problema está en datos poco fiables. El error surge cuando los políticos confunden los resultados de una disciplina basada en la fe con la certeza de la ciencia. Mejor harían en confiar en el sentido común y el comportamiento comprobado. Al tomar nota de esta sencilla lección, la Guerra del Error de Codificación en la Hoja de Cálculo podría hacerle un gran favor a Europa.

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