El cómodo entramado de los empresarios españoles está a punto de romperse

10/06/2013 | Miles Johnson – Financial Times Español

Hacer negocios en España, se dice, es un asunto casi familiar. Ya sea compartan una botella de rioja en un restaurante de lujo en Madrid, o sean compañeros de clase, o tengan la misma sangre, gran parte de la élite empresarial está relacionada desde hace generaciones.

La evidencia de este pequeño e interconectado mundo es el nexo de la propiedad de acciones entre bancos y muchas de las grandes empresas españolas, el cual fue construido durante las dos últimas décadas.

De las 35 empresas que cotizan en el Ibex, 15 están relacionadas con otro miembro debido a que comparten una cantidad significativa de acciones. Si Bankia, el banco nacionalizado que recientemente salió del índice, fuera incluido, la cifra aumentaría hasta los 19.

Con la crisis financiera haciendo mella en el balance del sistema de cajas, la España corporativa está pasando por una restructuración. Los prestamistas con capital regulado están siendo forzados a vender sus activos no estratégicos, lo que hace que esta larga y complicada red de cruce de acciones esté en peligro de desaparecer.

Dice Robert Tornabell, profesor de finanzas de ESADE Business School que “Estamos a la espera de ver surgir un modelo diferente, una banca comercial pura”. “Quizás algunos bancos puedan mantener sus inversiones, pero la antigua estructura financiera está cambiando rápidamente.”

Durante la fiebre privatizadora de finales de los 80 y durante los 90, los bancos y cajas compraron acciones de empresas como Telefónica, el antiguo monopolio de telecomunicaciones; Repsol, la empresa de petróleo y gas; y Gas Natural, la empresa de gas doméstico, entre otras.

Estas inversiones tenían dos objetivos. Primero, permitieron a los bancos y cajas asegurarse un flujo estable de dividendos fuera de lo que era su negocio principal de préstamo de dinero.

Segundo, con el apoyo de los políticos, las inversiones aseguraban que las empresas recién privatizadas tuvieran unos accionistas locales que mantuvieran la “españolidad”, a la vez que redujeran el riesgo de ser adquiridas por depredadores extranjeros.

Sin embargo, para los inversionistas internacionales estas conexiones eran difíciles de entender y suponían una barrera de acceso.

Gavin Morris, socio en Governance for Owners, el cual es un gestor de fondos de inversión solidarios que se dedica a mejorar el gobierno corporativo de las empresas con acciones en España, dice que: “Para un inversor extranjero como nosotros, este entrecruzamiento de acciones nos parece un anacronismo”.

“Estas participaciones pueden ser repugnantes (frustrantes) desde un punto de vista del inversionista, ya que la relación puede incluir algo más que el intercambio de acciones. Puede haber también acuerdos comerciales. El resultado neto, desde nuestra perspectiva, limita severamente el atractivo de muchas empresas del Ibex.”

Caixabank, el banco de la caja catalana La Caixa, y el tercer prestamista más grande de España por sus activos, es el accionista más importante de Gas Natural, la empresa de energía doméstica del Ibex 35, con un 35 por ciento valorado en 5,7 mil millones de euros a precios de junio de 2013.

Este banco es también el inversionista más importante en Repsol, con un 13 por ciento de la compañía petrolera, la cual tiene un 30 por ciento, el segundo más importante, en Gas Natural. Caixabank y Repsol tienen un acuerdo de accionistas en cuanto a sus inversiones en Gas Natural.

Antonio Brufau, presidente de Repsol, trabajó en La Caixa antes de trasladarse a Gas Natural. Tomó el control de Repsol en 2004. Mientras que Isidro Fainé, presidente de La Caixa, que posee un 5 por ciento de Telefónica, es a la vez vicepresidente del grupo de telecomunicaciones, y vicepresidente de Repsol.

En un viaje a Argentina para reunirse con el gobierno de Cristina Fernández, que en 2011 expropió a Repsol su parte en YPF, los observadores no tuvieron claro a qué compañía estaba representando el Sr. Fainé.

Además de la relación con Repsol en ese país, Telefónica es también el grupo de telecomunicaciones más grande de Argentina. Mientras que Inbursa, la rama de inversiones del multimillonario Carlos Slim, en cuyo consejo directivo también está el Sr. Fainé, también tiene inversiones en YPF. Y el Sr. Slim posee una pequeña parte de Caixabank, de la cual no quiso comentar nada al respecto.

Los lazos a menudo se extienden más allá del accionariado. Una deslumbrante fiesta realizada en el mercado de valores de Madrid en 2011, para celebrar el acceso de Bankia al Ibex 35, parecía una boda de la alta sociedad, y tuvo entre sus invitados a los más importantes del mundo de los negocios y la política.

En el directorio del rescatado banco estaba Ángel Acebes, ex ministro del interior del partido Popular, el mismo partido en el poder en el cual Rodrigo Rato, presidente ejecutivo de Bankia en ese entonces era ministro de economía.

Otro ex miembro del directorio, Claudio Aguirre, quien en Goldman Sachs y luego en Merrill Lynch de España trabajó en varias de las privatizaciones, es primo de Esperanza Aguirre, la entonces poderosa presidenta del partido Popular en la comunidad Madrid. La comunidad de Madrid en sí es el accionista mayoritario en Bankia, a través de su control en la fundación de cajas.

Las compañías que están entre las más publicitadas tienen inversiones en compañías de medios. Santander, Caixabank y Telefónica poseen bonos convertibles en el Grupo Prisa, el grupo de medios al que pertenece El País, el principal diario.

Sin embargo, Caixabank es uno de los prestamistas más saludables de España, y ha dicho que no tiene intención de vender alguna de sus inversiones mayoritarias, a pesar de que gente cercana al banco diga que ha considerado separarlas de sus operaciones principales.

Y los bancos españoles nacionalizados, destacando Bankia, han sido forzados por Bruselas para poner sus largas redes de inversiones al descubierto. Bankia, formada por la fusión de siete bancos, posee el 12 por ciento de IAG, la compañía surgida de la fusión de Iberia y British Airways, y el 5,3 por ciento de la empresa de energía doméstica Iberdrola, además de grandes inversiones en la aseguradora Mapfre, e Indra, el grupo de tecnología militar.

Previamente, con la dirección de las cajas dominada por políticos, el sistema de cruce de accionariado permitió a la clase política nacional y regional ejercer influencia a través de las direcciones. Este estado de los negocios, según esperan los inversionistas y expertos en gobierno corporativo, será cada vez más cosa del pasado.

Igual de importante son los próximos cambios en las reglas bancarias sobre el capital, con las cuales los prestamistas estarán obligados a mantener mayores niveles de capital frente a su patrimonio con las reglas de Basilea III. Incluso los bancos que deseen mantener sus participaciones, a lo mejor tendrán de deshacerse de algunas. El mes pasado Caixabank tuvo que vender sus participaciones en Tubacex, un fabricante de tubo de acero inoxidable.

Con la venta masiva de las participaciones que se espera, comenzarían a romperse las cómodas relaciones entre la dirección y su accionariado doméstico más importante, y se vería la entrada del inversor extranjero que exigirá estándares más estrictos de gobernanza.

“Históricamente los accionariados locales han sido bastante pasivos y lo más probable es que tienen conexiones sociales y familiares con la dirección”, comenta Mireia Giné, una experta en gobierno corporativo en la escuela de negocios IESE. “Si la mayoría del capital de tu empresa está en manos extranjeras, los equipos directivos tienden a comportarse de manera distinta en las juntas anuales, y la gobernanza mejora a lo largo del tiempo”.

Spain’s cozy ownership web set to untangle

06/10/2013 | Miles Johnson – Financial Times English

Spanish business, it is said, can be a small place. Whether they are sharing bottles of rioja at upmarket Madrid restaurants, or the same classrooms, or even the same blood, large parts of the country’s business elite have ties that stretch back generations.

This cozy, interconnected world is epitomised by the nexus of cross-shareholdings between banks and many of Spain’s largest companies, largely constructed during the past two decades.

Out of the 35 companies in the Ibex stock index, 15 are connected to another member though a significant shareholding. If Bankia, the nationalised savings bank recently dropped from the index, were included, that figure would rise to 19.

With the financial crisis having ripped through the balance sheets of the caja system, corporate Spain is undergoing an upheaval. As capital-strapped lenders are forced to sell non-core holdings, this long-standing and complicated web of cross-shareholdings is at risk of disappearing.

“We are going to see a different model emerging, of pure commercial banking,” says Robert Tornabell, a professor of finance at ESADE Business school. “Maybe some banks will keep their stakes, but the old financial structure is changing very rapidly.”

During a privatisation spree in the late 1980s and 1990s banks and cajas took stakes in companies such as Telefónica, the former telecoms monopoly, Repsol, the oil and gas company, and the utility Gas Natural, among others.

These investments served two purposes. First, they allowed banks and cajas to secure a stable flow of dividend payments outside their core business of lending money.

Second, with the encouragement of politicians, the investments ensured that newly privatised companies had stable domestic shareholders that would maintain their “Spanishness”, and reduce the risk of their being snapped up by foreign predators.

However, for international investors these connections can be difficult to understand and serve as a deterrent.

Gavin Morris is a partner at Governance for Owners, an activist fund manager that focuses on improving corporate governance at companies with shareholdings in Spain: “To an outside investor like us, cross-shareholdings seem like an anachronism,” he says.

“These stakes can be offputting from an investors’ point of view, as the relationship can involve more than just the shareholding. There can be commercial agreements as well. The net result, from our perspective, is to severely limit the attractiveness of many listed Spanish companies.”

Caixabank, the banking arm of the Catalan caja La Caixa, and Spain’s third-largest lender by assets, is the largest shareholder of Gas Natural, the Ibex 35 utility, with a 35 per cent stake worth €5.7bn at current prices.

The bank is also the largest investor in Repsol, with a 13 per cent stake in the oil company, which itself holds a 30 per cent stake, the second largest, in Gas Natural. Caixabank and Repsol have a shareholding agreement for their stakes in Gas Natural.

Antonio Brufau, chairman of Repsol, worked at La Caixa, before moving to Gas Natural. He took charge of Repsol in 2004. Meanwhile, Isidro Fainé, chairman of La Caixa, which holds 5 per cent of Telefónica, is both vice-chairman of the telecoms group, and vice-president of Repsol.

On a trip to Argentina this year to meet the government of Cristina Fernández, which in 2011 expropriated Repsol’s YPF division, observers were unclear which of his various companies Mr Fainé was representing.

Aside from Repsol’s involvement in the country, Telefónica is also the largest telecoms group in Argentina. Meanwhile Inbursa, the investment arm of Mexican billionaire Carlos Slim, on whose board of directors Mr Fainé also sits, owns a stake in YPF. And Mr Slim owns a small stake in Caixabank. Caixabank declined to comment.

Ties often stretch beyond shareholdings. A glitzy party at the Madrid stock exchange in 2011, to celebrate the ill-fated listing of Bankia, had the air of a society wedding, and was attended by the great and the good of politics and business.

On the board of the bailed-out lender sat Ángel Acebes, a former interior minister in the same Popular party government in which Rodrigo Rato, Bankia’s executive chairman at the time, was economy minister.

Another former board member, Claudio Aguirre, who at Goldman Sachs and then Merrill Lynch in Spain worked on several privatisations, is the cousin of Esperanza Aguirre, the powerful Popular party president of the Madrid region at the time. The Madrid region itself was then the largest shareholder in Bankia, through its domination of the cajas foundation.

Companies that are among the largest advertisers hold investments in media companies. Santander, Caixabank and Telefónica hold convertible bonds in Grupo Prisa, the media group that owns El País, the leading daily newspaper.

Caixabank, however, is one of Spain’s healthier lenders, and has said it is not yet considering selling its largest shareholdings, although people close to the bank say it has looked at splitting them away from its core operations.

Yet Spain’s nationalised banks, most notably Bankia, have been forced by Brussels to place their large webs of shareholdings on the block. Bankia, formed through a merger of seven savings banks, holds 12 per cent of IAG, the company that resulted from the merger of Iberia and British Airways, and 5.3 per cent of the power utility Iberdrola, with large stakes in Mapfre, an insurer, and Indra, the defence technology group.

Previously, with savings banks’ boards dominated by politicians, the system of cross-shareholdings allowed the political class at a regional and national level to exert influence across boardrooms. This state of affairs, investors and corporate governance experts hope, is increasingly a thing of the past.

Equally significant are the incoming changes to banking capital rules, with lenders forced to hold more capital against shareholdings under Basel III rules. As a result, even those banks that want to keep their stakes might be forced to trim them. Last month Caixabank disposed of its stake in Tubacex, a maker of stainless-steel pipes.

This expected sell-off of stakes should start to break down the cozy relationships between managers and their larger domestic shareholders, and see the arrival of foreign investors that demand more stringent standards of governance.

“Local shareholders have historically been very passive and probably have social and family ties with the management,” says Mireia Giné, a governance expert at IESE Business school. “If your company is mostly owned by foreign capital, then management teams tend to act differently in annual meetings, and governance over time improves.”

Copyright &copy “The Financial Times Limited“.
“FT” and “Financial Times” are trade marks of “The Financial Times Limited”.
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