El aumento de jefes multilingües crea una “techo monolingüe”

03/12/2015 | Andrew Hill (Financial Times) – Español

Cuando Isabelle Allen se unió a KPMG en 1991, el grupo de profesionales valoraba, promovía y recompensaba a aquellas personas que tenían una experiencia profunda, comentó.

En la actualidad, la compañía está buscando tanto amplitud como profundidad de un personal “que prospere con el cambio, de personas que se sientan cómodas ante la ambigüedad, de solucionadores de problemas que ni siquiera existían hace dos años”.

Habiendo estudiado las últimas investigaciones sobre los beneficios cognitivos del multilingüismo, la Sra. Allen — una ejecutiva francesa que ahora es directora global de y de KPMG — se pregunta si el conocimiento de lenguas extranjeras puede ser una señal oculta apuntando hacia esas futuras “estrellas”.

“El cerebro multilingüe en realidad pudiera ser mejor en los que el cerebro monolingüe”, apuntó Antonella Sorace, profesora de desarrollo lingüístico en la Universidad de Edimburgo.

Las compañías multinacionales ya han reconocido los beneficios funcionales del multilingüismo como un puente entre las culturas empresariales. Actualmente, no hablar otros idiomas puede incluso ser un obstáculo en el logro de una promoción, según los primeros resultados obtenidos de la investigación en política lingüística “Born Global” (Nacido Global) de la Academia Británica en el Reino Unido.

“Se nos dice que se está creando un “techo de cristal” dentro de las compañías globales en relación con los individuos monolingües”, declaró Richard Hardie, quien preside UBS en Londres y encabeza el comité directivo de “Born Global”.

Cada vez más, sin embargo, existen otras maneras de lograr eficiencia operativa en lenguas extranjeras. El Traductor de Google y otras aplicaciones para los varios dispositivos parecen estar erosionando una de las justificaciones para el aprendizaje de idiomas, realizando — de manera adecuada, si no perfectamente — algunas de las funciones básicas de la traducción. Los angloparlantes nativos pueden simplemente aprovechar el deseo del resto del mundo de aprender la lengua franca de los negocios internacionales. Incluso las personas que no hablan inglés pueden evitar el largo camino hacia la fluidez en inglés y tomar un atajo que los conduzca a Globish, un sistema que enseña un vocabulario laboral básico de 1.500 palabras.

Si lo hacen, sin embargo, pueden perderse potencialmente las ventajas cognitivas de aprender y hablar otros idiomas, según lo indica la mayoría de las investigaciones.

Los investigadores de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona descubrieron, por ejemplo, que las personas parecen tomar decisiones más racionales en su segundo idioma, posiblemente porque los aleja de la decisión. Otros beneficios pudieran incluir una mayor habilidad para negociar, un mejoramiento de la capacidad de cambiar de una tarea a otra, y una mayor concentración y habilidad para establecer prioridades.

Los idiomas adquiridos durante la madurez pueden surtir el mismo efecto. Además de contratar más individuos multilingües, las deberían dedicar más tiempo a la capacitación de las competencias lingüísticas, a trabajar con las universidades para promover la investigación, y a apoyar a la fuerza laboral en la formación de familias políglotas, comentó la profesora Sorace. Ella es de origen italiano y es también fundadora de “Bilingualism Matters” (el multilingüismo es importante), un centro establecido para difundir información sobre los idiomas y el aprendizaje de idiomas basados en el conocimiento científico.

Enviar a los angloparlantes a destinos de negocios en el extranjero, señaló ella, “es una oportunidad maravillosa para que los niños aprendan idiomas, en lugar de estar protegidos en un ambiente en el que sólo se habla inglés”.

Sin embargo, toma tiempo obtener la suficiente fluidez en un idioma para que resulte útil en los negocios. Además, la capacidad lingüística no siempre es una panacea para superar todas las diferencias culturales en los negocios.

Jo Dawson estudió alemán y sueco en la Universidad de Cambridge, pero decidió trabajar en los servicios financieros. Actualmente es instructora ejecutiva en The Alexander Partnership, y ella se da cuenta de que los altos directivos con inglés como segunda lengua todavía no pueden “interpretar” lo que está sucediendo en un salón lleno de angloparlantes nativos o descubrir las intenciones ocultas de los demás. Ellos no saben “lo que la gente realmente está diciendo”, agregó.

Tal ceguera cultural puede que no tenga mucho que ver con que los ejecutivos hablen otro idioma, dijo la Sra. Allen de KPMG: “He conocido a un montón de personas que son totalmente monolingües y no pueden “interpretar” lo que está sucediendo en un salón”.

Una preocupación más seria es que el tiempo dedicado a aprender una lengua pudiera ser mejor utilizado en la adquisición de otras habilidades, algunas de las cuales — como aprender a tocar un instrumento musical — también ofrecen comprobados beneficios para el cerebro.

Bill Anderson, vicepresidente ejecutivo en Pearson Englishquien recientemente organizó con el Financial Times una discusión sobre los retos y las oportunidades del bilingüismo — advierte que los ajustados operativos anuales no permiten incluir metas de aprendizaje de idiomas a . Si haces un “compromiso a para implementar cursos de idiomas, obtendrás beneficios a muy corto plazo”, aseguró.

Algunas investigaciones sugieren que los efectos del aprendizaje de idiomas en el cerebro — la habilidad de las personas políglotas para detectar la información irrelevante y establecer prioridades — pueden no ser tan dramáticos como se pensó originalmente. Un artículo demuestra que las publicaciones académicas prefieren publicar estudios positivos sobre el bilingüismo.

Pero no existe evidencia de que los individuos multilingües estén en desventaja ya que las empresas ven las oportunidades de obtener los beneficios. La Sra. Allen dijo que las empresas no han hecho un buen en “aprovechar la enorme fuente de potencial que representan todas las personas a nivel mundial que hablan varios idiomas”.

En los países donde se hablan muchos idiomas y dialectos — o entre las comunidades de inmigrantes — tener que saber más de una lengua a veces se considera una carga, en lugar de una ventaja.

Incluso los países que subestiman el bilingüismo — Noruega o los Países Bajos, por ejemplo — tienden a concentrarse en las ventajas más directas.

¿En dónde coloca esta ventaja cognitiva inicial y cultural en los negocios a los ciudadanos de los países que son más decididamente monolingües?

La capacitación en relación con el manejo de negocios transfronterizos es útil en la reducción de la brecha. Pero — en referencia a la posición del Reino Unido como el más rezagado de la UE en las habilidades lingüísticas — el Sr. Hardie advierte en contra de quedarse atrás en la “carrera” lingüística.

“Otros seguirán ampliando su base lingüística”, agregó el Sr. Hardie. “Podemos al menos darles a algunos individuos de la generación “nacida globalmente” la posibilidad de operar como participantes globales”.

 

Rise of the multilingual boss creates a “monoglot ceiling”

12/03/2015 | Andrew Hill (Financial Times) – English

When Isabelle Allen joined KPMG in 1991, she says, the professional services group valued, promoted and rewarded those people who had deep expertise.

These days, the is looking for breadth as well as depth, seeking staff “who thrive on change, people who are comfortable with ambiguity — solvers of problems that didn’t even exist two years ago”.

Having studied the latest research into the cognitive benefits of multi-lingualism, Ms Allen wonders whether knowledge of foreign languages may be one hidden signpost pointing towards those future stars.

“The multilingual brain might actually be better at doing than the monolingual brain,” says Antonella Sorace, professor of developmental linguistics at the University of Edinburgh.

Multinational companies have long recognised the functional benefits of multilingualism as a bridge between business cultures. Not speaking other languages may even be a block to promotion these days, according to early findings from the British Academy’s Born Global research into language policy in the UK.

“We are being told that there’s a ‘glass ceiling’ developing for monoglots within global businesses,” says Richard Hardie, who chairs UBS in London and heads the Born Global steering committee.

Increasingly, though, there are other ways to achieve operational efficiency in foreign languages. Google Translate and other machine applications seem to be eroding one justification for learning languages, by performing — adequately, if not perfectly — some of the basic functions of translation. Native English speakers can simply take advantage of the rest of the world’s desire to learn the lingua franca of international business. Even non-English speakers can avoid the wearying long route to fluency in English and take a short-cut to Globish, a system that teaches a basic working vocabulary of 1,500 words.

If they do so, however, they may potentially miss out on the cognitive advantages of learning and speaking other languages, according to much recent scientific research.

Researchers at Barcelona’s Pompeu Fabra University found, for instance, that people seem to make more rational decisions in their second language — possibly because it distances them from the decision. Other benefits could include a greater ability to negotiate, improved capacity to switch between tasks, and a greater focus and ability to set priorities.

Languages acquired later in life can have the same effect. As well as hiring more multilinguals, companies should devote more time to training language skills, work with universities to promote the research, and support the workforce in raising multilingual families, says Prof Sorace. She´s Italian-born Prof Sorace, who is also founder of Bilingualism Matters, set up to spread science-based information about languages and language-learning.

Sending English-speakers to foreign postings, she points out, “is a wonderful opportunity for the children to learn languages, rather than being protected in an English-only environment”.

It still takes time, though, to get fluent enough in a language to find it useful in business — and linguistic ability is not a catch-all way of overcoming cultural differences in business.

When Jo Dawson, who studied German and Swedish at Cambridge university, went to work in financial services. Now an executive coach with The Alexander Partnership, she notices that senior managers with English as a second language still cannot “read” a room of native English-speakers or uncover others’ hidden agendas. They do not know “what people are really saying”, she says.

Cultural blindness such as this may not have much to do with whether executives speak another language, says KPMG’s Ms Allen: “I’ve met a lot of people who are totally monolingual and can’t read a room.”

A more serious concern is that time spent learning a language could be better spent acquiring other skills, some of which — such as learning to play a musical instrument — also offer proven benefits for the brain.

Bill Anderson, a senior vice-president at Pearson English, which recently hosted, with the Financial Times, a discussion on bilingualism’s challenges and opportunities, warns that tight annual operating do not allow for language-learning goals. Make a “short-term commitment [to language courses] and you will get very short-term benefits”, he says.

Some research suggests that the effects of language learning on the brain — specifically in improving multilinguals’ ability to screen out irrelevant information and set priorities — may not be as dramatic as first thought. One paper shows academic journals prefer to publish positive studies about bilingualism.

Even so, there is no evidence that multilinguals are disadvantaged and, as they become more interested in their staff’s cognitive potential, businesses see an opportunity to reap any benefits. Ms Allen says companies have not done a good job of “harnessing the huge pool of potential of all the people around the world that are multilingual”.

In countries where many languages and dialects are spoken — or among immigrant communities — having to know more than one tongue is sometimes regarded as a burden, rather than an .

Even those countries that take bilingualism for granted — Norway or the Netherlands, for example — tend to focus on the most direct advantages.

Where does this cognitive and cultural head-start in business leave citizens of countries that are more resolutely monolingual?

Training in how to handle cross-border business is helpful in bridging the gap, but, referring to the UK’s position as the EU laggard in language skills, Mr Hardie warns against falling behind in the linguistic chase.

Others will continue to widen their language base,” he says, “but we can at least get into third gear and give a reasonable proportion of the ‘born global’ generation the chance to operate as global players.”

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“FT” and “Financial Times” are trade marks of “The Financial Times Limited”.
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