¿El Abismo Fiscal? Eso no fue nada

25/01/2013 | Evan Brock Gray – WikiFinanzas Español

Alrededor de las 2 de la mañana del 1 de enero de 2013, el Senado de los EE. UU. aprobó por abrumadora mayoría (89 a 8, y 3 abstenciones) el decreto ley para evitar a última hora el llamado “abismo fiscalmomento en que de manera automática los recortes en los gastos gubernamentales y el incremento en los impuestos habrían dejado caer el desastre sobre la economía de los EE. UU. Y, tras la aprobación en la Cámara de Representantes (257 a 167), el decreto ley puso fin a más de un año de debates y preocupaciones sobre qué hacer con los impuestos nacionales, los temas presupuestarios y (teniendo que ampliarse en breve) el techo de deuda. ¿Pero, se acabó el peligro?

La respuesta para el corto plazo es un “Sí”. Un economista podría responder “Depende”, pero para la mayoría de los que han seguido las negociaciones la respuesta es un contundente “NO”.

Aunque el decreto ley esté considerado como un paso en la dirección correcta “el acuerdo alcanzado… es verdaderamente una oportunidad perdida para hacer algo por reducir los problemas fiscales a largo plazo, pero éste es un pequeño paso adelante en nuestros esfuerzos por reducir el déficit federal”, así dijeron Erskine Bowles, ex codirector de la Comisión Nacional sobre reforma y responsabilidad fiscal de la Administración del presidente Obama, y el otro codirector Alan Simpson, en una declaración conjunta del recién formado grupo “Campaña para Solucionar la deuda”, que ambos dirigen; y agregan que, sin embargo, este decreto ley y el Acta para el control del presupuesto de 2012 “son dos pasos (para) avanzar en los esfuerzos para poner en orden nuestro régimen fiscal que, ni juntos ni separados, nos acercan a la resolución de la deuda nacional y los problemas del déficit.”

Entonces, ¿qué hace exactamente el Acta para reducir la carga impositiva al contribuyente (cuyas siglas en inglés son ATRA) para alejar el abismo fiscal, y qué falta por hacer? Primero, veamos los logros, deficiencias y fallos del acta; luego, las áreas que todavía están pendientes, y por último las implicaciones para el próximo presupuesto y la deuda soberana de los EE. UU.

Logros (o lo que realmente consigue el acta):

Genera alrededor de 620 mil millones de dólares en ingresos (alrededor de $545 mil millones netos tras de dejar expirar las extensiones fiscales y con las depreciaciones de los bonos después de 2013).

Reforma algunas leyes de impuestos, por ejemplo: los individuos que ganen más de 400 mil dólares y las familias que ganen más de 450 mil dólares anuales suben su tasa IRPF del 35% al 39,6%; los impuesto sobre las ganancias del capital suben su tasa del 15% al 20% (para aquellos ubicados en nivel más alto de ingresos); el impuesto sobre propiedades se incrementa del 35% al 40% (para propiedades valoradas en más de 5 millones de dólares) y el Impuesto Mínimo Alternativo (ATM, por sus siglas en inglés) se cobrará durante los próximos diez años. Pero también hay más cambios. El Journal of Accountancy ha publicado un artículo explicando con gran detalle las nuevas leyes impositivas.

Trata algunos temas sobre gastos gubernamentales como: el retraso en la cancelación de una partida de presupuesto, o el recorte automático de gastos gubernamentales durante dos meses (mientras incentiva que se pague con sus propios recursos); impone un “límite al médico” (manteniendo la cantidad que Medicare paga a los médicos); prolonga por un año el pago a los desempleados y la vigencia del acta de asistencia a los granjeros.

Deficiencias (o qué no consigue realmente el decreto ley)

No resuelve de manera permanente el problema del aumento del coste de la Sanidad y el insostenible (y casi insolvente) gasto del programa de Seguridad Social con la reforma de Medicare y Medicaid. Los derechos sociales y personales son un tema políticamente muy polémico tanto para los demócratas como para los republicanos y, ante la llegada del Acta de Sanidad Accesible (Obamacare), ninguno de los partidos quiere ceder en este punto.

Hay pocos cambios en este decreto ley que vayan a estimular el crecimiento y la generación de ingresos en el medio plazo.

Fallos (o lo que los políticos no lograron conseguir):

El decreto ley no plantea la manera de crear un presupuesto sostenible ni alivia el peso de la deuda nacional en el medio plazo en relación con el PIB (ni detiene el crecimiento de la deuda en el largo plazo).

No presenta solución alguna al actual techo de la deuda, o el hecho de que está a punto de ser rebasado, teniendo en cuenta que es necesario solucionar esta cuestión antes de que empiece a afectar a los mercados internacionales, a la recuperación de la economía global en su conjunto o, incluso, a la suspensión del pago de la deuda de los EE. UU. si no se amplía de nuevo. Una amplia reforma en el gasto, sólida y con vista a largo plazo, en los derechos y el control del presupuesto tendrán que esperar.

Se supone que el límite de la deuda no debería elevarse a menos que hubiera un acuerdo político, tal y como fue determinado durante la primera guerra mundial. El Financial Times, en su columna LEX, señala un punto interesante sobre la historia de los límites de la deuda (oficialmente conocido como límite de la deuda), lo que ocurre ahora y lo que ocurrirá en el futuro próximo:

“…El Congreso ha elevado el límite varias veces (79 desde 1960) sin tanto ruido. En 2011, con una alta polarización entre los partidos, los congresistas se dieron cuenta de que este tema podría servir como baza de negociación. Ahora los republicanos están buscando conseguir recortes extras como venganza por la subida de impuestos, intentando utilizar el límite de deuda como palanca. El acuerdo sobre el abismo fiscal pospuso por dos meses la amenaza de recortes indiscriminados en el gasto – coincidiendo con la fecha en que el límite de la deuda deberá elevarse, preparando otra batalla”.

Declarar la suspensión de pagos de la deuda sería desastroso para la primera economía del mundo, para la economía global en su conjunto y podría servir de precedente para que otros países hicieran lo mismo (“¿Si ellos lo hicieron, por qué no nosotros?”). Los 16,4 billones de dólares de límite de deuda fueron alcanzados el primer día de 2013, siendo prorrogado por dos meses más. Esto, junto al hecho que “La autoridad gubernamental sobre el presupuesto caduca el 27 de marzo” significa que no solo puede haber una suspensión de pagos de la deuda sino que “sin un acuerdo puede haber una paralización de la actividad gubernamental”, según Shahien Nasiripour y Tom Burgis del Financial Times.

Sin embargo, no controlar la deuda ahora o en el futuro puede también tener consecuencias indeseables como: acciones “extraordinarias” que ya han empezado (como se detalla abajo) por parte del Departamento del Tesoro, la disminución de las inversiones nacionales y extranjeras; un incremento de la tasa de interés para atraer inversiones pero que, a la vez, significa un incremento en los costes para el gobierno y una ralentización del crecimiento de la economía; una rebaja en los niveles de confianza e incluso otra disminución en la calificación del crédito de los EE. UU. por parte de las agencias calificadoras; pagos preferentes y secuelas políticas sobre quién cobra qué y cuánto; la imposibilidad de cumplir con los pagos nacionales como las contribuciones a los programas de Sanidad, los pagos a las escuelas o a los empleados federales y, por último, una severa crisis de la deuda y económica.

De acuerdo con el Comité para un Presupuesto Federal Responsable (CRFD), organización sin ánimo de lucro e integrada por miembros de ambos partidos que promueve la educación de la población en temas que impactan la política fiscal nacional, y que está liderada por Maya McGuineas (de la Universidad de Harvard):

“Los congresistas deben incluir al límite de la deuda una serie de medidas que mejoren sustancialmente nuestra posición fiscal en el medio y largo plazode preferencia lo suficiente para bajar la deuda al equivalente del 60% del PIB hacia el final de esta década y mantenerlo estable en un porcentaje menor. Cualquier incremento del límite de la deuda en el largo plazo debería estar condicionado a la inclusión de estas medidas.”

La deuda pública nacional de los EE. UU. ronda a día de hoy los 11,57 billones de dólares y la deuda intra-gubernamental pasa de los 4,8 billones de dólares. Como porcentaje del PIB (15.974 billones de dólares previstos para el inicio de 2013), la deuda pública debe rondar el 72,5%, parecida al porcentaje esperado por el CRFD para el final de esta década. haber caído en el “abismo fiscal” podría haber puesto la deuda soberana de los EE. UU. a niveles menores del 60% del PIB hacia el año 2020, pero con unas consecuencias económicas nada deseables y difíciles de precisar. El Secretario del Tesoro saliente, Timothy Geithner dice que sólo hay disponibles 200 mil millones de dólares al tomar estas medidas “extraordinarias” (como disponer del Fondo de jubilación de los empleados federales, del Fondo de estabilización de divisas, del Fondo de Servicio civil o de Correos, o quizá utilizando los rendimientos disponibles de estos dos últimos Fondos). Se estima que la liquidez inmediata de los EE. UU. y los fondos de las medidas extraordinarias se terminarán entre el 15 de febrero y el 1 de marzo de este año. Después de esta fecha, el Tesoro tendrá graves dificultades para hacer frente a sus obligaciones financieras.

Impuestos, el gasto, el presupuesto y el límite de la deuda son las cuestiones más importantes a las que se enfrenta actualmente el gobierno de los EE. UU. Parece que el primer asunto fue “zanjado” con el ATRA (Acta para disminuir la carga impositiva al contribuyente) incluida en el trato para evitar el “abismo fiscal”, ahora tendrán protagonismo los otros tres temas. Si se pensaba que las negociaciones para evitar el “abismo fiscal” fueron tensas y contra reloj, habrá que prepararse para el “súper abismo presupuestario” y la “montaña de la deuda” porque ambos están justo a la vuelta de la esquina y son aún más importantes.

The Fiscal Cliff? That was easy

25/01/2013 | Evan Brock Gray – WikiFinanzas English

At around 2 a.m. on January 1st, 2013, the U.S. Senate overwhelmingly passed (89-8 votes, 3 abstaining) a bill to narrowly avoid the so called “fiscal cliffa moment in which automatic spending cuts and tax increases would have spelt disaster for the U.S. economy. And, after the House of Representatives’ approval (257-167), the bill put an end to more than a year of debate and worry about what to do with the nation’s taxes, spending programmes, budgetary issues and the (soon to be sorely maxed-out) debt ceiling. Or did it…?

The very short-term answer is ‘yes’. An economist’s answer would be ‘it depends’. But the general consensus from almost everyone involved and almost everyone who’s been following the negotiations is a clear ‘NO’.

Even though the bill is considered to be a move in the right direction, “the deal approved…is truly a missed opportunity to do something big to reduce our long term fiscal problems, but it is a small step forward in our efforts to reduce the federal deficit”, said Erskine Bowles, former co-chair of Obama’s National Commission on Fiscal Responsibility and Reform, along with the other co-chair, Alan Simpson, in a joint statement from their newly created group The Campaign to Fix the Debt. However, this bill and last year’s Budget Control Act are “both steps (that) advance the efforts to put our fiscal house in order, neither one nor the combination of the two come close to solving our Nation’s debt and deficit problems” they said.

So, what exactly did the American Taxpayer Relief Act (the official name of the bill, or ATRA) do to stave off the fiscal cliff and what is still left to be done? First, the achievements, shortcomings and failures of the bill will be presented and summarized. Then, the areas that still are in question and the implications for the future budget and U.S. sovereign debt will be set forth.

Achievements (or what the bill actually did):

Raises about $620 billion in revenue (around $545 billion net after allowing the tax extenders to expire and with bonus depreciation after 2013).

Reforms some tax laws, such as: individuals making more than $400,000 and families making more than $450,000 per year are moved from a 35% up to a 39.6% income tax rate; capital gains tax rates are increased from 15% to 20% (for those earning in the highest income bracket); estate tax rates are increased from 35% to 40% (for estates valued over $5 million) and the Alternative Minimum Tax (ATM) is imposed for the next ten years. There are many other changes as well. (The Journal of Accountancy has produced an article explaining the new tax laws in great detail.)

Addresses some governmental spending issues, such as: delaying a budget fund sequester, or automatic federal spending cuts, for two months (while setting up incentives to pay for it on its own); imposing a “doc fix” (holding the amount that Medicare pays doctors constant); extending unemployment insurance benefits for a year and extending the farm assistance bill for a year.

Shortcomings (or what the bill didn´t really do):

It does not permanently fix the problem of rising health costs or an unsustainable (and soon to be insolvent) Social Security programme by reforming Medicare and Medicaid spending. Social and personal entitlements are a very politically charged issue for both democrats and republicans and, in the wake of the Affordable Care Act (Obamacare), neither are giving way on this issue.

There is little reform in this bill that will stimulate growth and revenue generation in the medium-run.

Failures (or what politicians failed to do):

The bill does not meaningfully address ways to create a sustainable budget nor does it alleviate medium-term national debt levels compared to GDP (or even stop the national debt level’s increase in the long-run).

It does not take the current debt ceiling (or debt limit), or the fact that it is about to be irreversibly breached, into account in order to fix this dangerous situation before it starts to affect the international markets, the world-wide economic recovery or even a U.S. default on debts if it is not raised again. Comprehensive, durable and long-term reform on spending, entitlements and budget control will have to wait.

The debt ceiling is really not supposed to be raised, as it was set up that way during the First World War, unless there is political approval. In The Financial Times, an article from the LEX COLUMN makes an interesting point about the debt ceiling’s (officially known as the debt limit) history, what is happening today and what will be happening briefly:

“…Congress has raised it many times (79 since 1960) without too much fanfare. With political division high in 2011, lawmakers realised it could serve as a bargaining chip`. Now Republicans are seeking to extract cost-cuts as payback for the tax raises in the cliff deal, and intend to use the debt ceiling as a level. The cliff deal put the threat of indiscriminate spending cuts off for two months – until just about the same time that the debt ceiling must be raised, setting up another high-stakes battle.”

Defaulting on debt obligations would be disastrous for the world’s top economy, for the world economy in general and would also set the wrong kind of precedent that other countries might follow (“hey, if they did it, why can´t we?”). The $16.4 trillion debt ceiling was hit on January 1st, only to be averted for another two months. This, along with the fact that “the government’s budget authority runs out on March 27th”, means that not only could there be a default on debt but “without a deal, there could be a government shutdown”, according to Shahien Nasiripour and Tom Burgis of The Financial Times.

However, not controlling the debt now or in the future would also have undesirable consequences like: ‘extraordinary’ actions by the Department of Treasury which have already started (described below), a large decrease in domestic and foreign investment; a raise in interest rates to attract investment but that would mean greater costs for the government and slower economic growth; a decrease in confidence levels and even another downgrade in the U.S. credit rating by ratings agencies; preferential payments and the political fall-out over who gets what and when; not being able to meet domestic obligations like contributing to healthcare programmes, funding schools or paying federal employees and, lastly, a severe debt and economic crisis.

According to The Committee for a Responsible Federal Budget (or CRFD) which is a bipartisan, non-profit organization in the United States committed to educating the public about issues that have significant fiscal policy impact and is headed by Maya McGuineas (Harvard University):
“Policymakers must include along with this (the debt ceiling) a set of measures which will substantially improve our medium and long-term fiscal position preferably enough to bring the debt down to 60 per cent of GDP over the decade and stabilize it below that level. Any long-term increase in the debt ceiling should be conditional on the inclusion of such measures”.

U.S. national public debt today is more than $11.57 trillion and governmental debt holdings are more than $4.85 trillion. As a percentage of GDP ($15.974 trillion is forecast for the beginning of 2013), public debt would stand at around 72.5 per cent, roughly the same percentage that is expected a decade from now according to the CRFD. Falling off the “fiscal cliff” might have put U.S. sovereign debt levels below the 60 per cent of GDP goal by 2020, but the economic consequences would not have been pretty nor are easy to project. The outgoing Treasury Secretary Timothy Geithner says there is only about $200 billion available by taking these “extraordinary” measures (like tapping the federal employees’ retirement fund, the Exchange Stabilisation Fund, the Civil Service or Postal Funds or maybe even allowing mature securities from these last two funds to be used). The timeline before the U.S.’s cash-on-hand and extraordinary measure funds run out is estimated to be sometime between February 15th and March 1st of this year. After that, the Treasury would have a very difficult time facing up to its obligations and liabilities.

Taxes, spending, budgets and the national debt ceiling are the biggest issues on the U.S. government’s plate right now. Since it seems that the first issue was “settled” with the ATRA from the “fiscal cliff” deal, the other three areas are about to take centre stage. If you thought the “fiscal cliff” negotiations were tense and last-minute, get ready for the “budget super-cliff” and “debt mountain” because they are right around the corner and even more important.

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