Economía: cambio de curso

16/05/2014 | Claire Jones – Financial Times Español

Cuando Yuan Yang comenzó su curso de economía en el otoño de 2008 se sorprendió de que en los claustros del Balliol College se prestara poca atención al mundo exterior. Mientras Lehman Brothers caía en bancarrota dejando a los mercados tambaleándose, sus clases en la universidad de Oxford servían de poca ayuda para entender cómo la caída de un solo banco de inversiones en los EE. UU. podía causar un pandemónium global.

Solo cuando le comentó a su tutor por su descontento encontró teorías que ofrecían explicaciones para lo que estaba pasando. “La crisis expuso cuan desconectada estaba la enseñanza de la economía como para ayudar a los estudiantes a entender los sucesos del mundo real”, afirma la Srita. Yang, ahora de veintitrés años y estudiando en la universidad de Beijing. “Cuando descubrí que, dentro de la economía, había una alternativa a lo que me habían enseñado, fue un alivio. Llegué a sentir que era parte de un enclave intelectual que no tenía consideración de lo que podía aprenderse de la psicología, filosofía o cualquiera de las otras ciencias sociales”.

La Srita. Yang está al frente de un creciente movimiento de jóvenes economistas que hacen una llamada a las universidades de todo el mundo para reformar la manera en que se enseña esta oscura ciencia. Ellos creen que el exponerse a un amplio rango de enfoques es esencial si su generación debe evitar los errores en política económica que llevaron a la crisis, además de atacar temas como la desigualdad y las consecuencias económicas del cambio climático.

En 2012 la Srita. Yang ayudó a fundar la red Rethinking Economics, enfocada en cambiar lo que ella describe como el aislamiento de la economía del debate público. La red tiene grupos alrededor de todo el mundo, que están dentro de las 42 organizaciones estudiantiles que este mes firmaron una carta abierta para eliminar el programa estándar.

Los estudiantes, que están repartidos en 19 países de cuatro continentes, piden que los profesores dejen de enfocarse en una sola manera de analizar la economía. Los firmantes, la mayoría de ellos veinteañeros o apenas cumplidos los treinta, quieren discutir sobre más teorías y métodos alternativos. En lugar de solo prepararlos para una carrera en finanzas, ellos quieren que sus cursos se enfoquen en los grandes problemas de la economía.

“La mayoría de los modelos económicos que nos enseñan solo consideran un objetivo: el beneficio. Hay poca consideración para la sostenibilidad o la equidad”, afirma Nicolò Fraccaroli, fundador de uno de los grupos – Rethinking Economics Italia – y estudiante en la Luis Guido Carli de Roma. “Las universidades necesitan enseñarte cómo desempeñar un trabajo. Pero primero necesitamos estar seguros de que la gente que moverá cantidades masivas de capitales es consciente de lo que está haciendo”.

La carta abierta es parte de una rebelión más amplia en contra de la forma usual de enseñar la economía. Y ha tomado impulso desde que la crisis financiera hizo mella en la visión de algunos académicos de que la economía había resuelto la mayoría de los más grandes problemas económicos del mundo.

Lena Kaiser dijo que su interés en la economía despertó cuando quiso entender la desigualdad, el tema del éxito de ventas de Thomas Piketty, El capital en el siglo XXl. Sus estudios en la universidad de Mannheim la defraudaron. “Los temas que yo quería discutir no se discutieron para nada. No había ningún pensamiento crítico”.

En los años 1980 era común que los estudiantes tomaran módulos de historia económica y economía pública. La economía del comportamiento ha sido estudiada desde hace tiempo y, en 2002, el psicólogo Daniel Kahneman ganó el premio Nobel de economía por sus descubrimientos en la toma de decisiones.

Pero durante las tres décadas anteriores, los cursos de grado han sido mayormente dominados por los métodos cuantitativos de la escuela neoclásica. Casi seis años después del colapso de Lehman Brothers, el curso estándar universitario apenas ha cambiado. Un estudio de Peps-Economie, un grupo de estudiantes que se reunió en 2009, encontró que solo el 1,7 por ciento de los módulos de las universidades francesas cubrían historia económica y solo había un curso en una sola universidad dedicado a la epistemología de la economía.

Eric Beinhocker, director de la Oxford Martin School del Institute for New Economic Thinking, organización fundada en 2009 por el multimillonario administrador de fondos de inversiones George Soros, dice: “El mundo ha cambiado mucho. La economía ha cambiado mucho también. Pero el programa no”.

Los reformistas aceptan que las políticas basadas en la economía neoclásica contribuyeron a la Gran Moderación, la época de estabilidad y prosperidad en las décadas que desembocaron en la crisis. Pero ven como una visión con miopía enfocarse en solo una escuela de pensamiento. Louison Cahen-Fourot, miembro de Peps-Economie, dice: “No somos anti-neoclásicos o anti-matemáticas. Solo que la vemos como parte de algo mucho más grande”.

Aquellos que estudiaron antes de la crisis denuncian complacencia no solo entre los académicos sino también entre sus propios compañeros. “Cuando inicié mis estudios en 2004 planteaba preguntas muy críticas durante las clases. Cuando lo hacía los demás decían `estás desperdiciando nuestro tiempo – nosotros necesitamos respuestas para el examen´,” dice Thomas Vass, fundador de Rethinking Economics en Nueva York. Ahora estudia en la New School de esa ciudad, la cual ofrece cursos más heterodoxos.

La conmoción iniciada en 2008 ha proporcionado un catalizador fresco para un cambio. Camilla Cea, quien estuvo envuelta en las protestas estudiantiles en Chile entre 2011 y 2013, dice: “Las críticas hacia el programa existente han estado presentes desde hace tiempo. [Pero] la crisis financiera ha actuado como un gatillo”.

Los estudiantes no están solos en su llamada por una reforma. El apoyo ha llegado desde altos cargos que incluyen a Andy Haldane, economista en jefe del Banco de Inglaterra, y Peter Mooslechner, director ejecutivo del Banco Nacional de Australia. Wendy Carlin, profesor del University College London, quien dirige un proyecto en el Instituto del Nuevo Pensamiento Económico para reformar la enseñanza de grado mediante la recopilación de material didáctico de diferente escuelas de pensamiento, dice: “La carta es genial – muy abierta y constructiva”.

Otros académicos son más cautos. La universidad de Manchester rehusó las demandas estudiantiles de la Sociedad de Economía Post-Crisis de incluir un módulo opcional en el programa académico del año siguiente sobre teorías alternativas sobre crisis financieras. Sus directivos dijeron que considerarían añadir un módulo sobre teorías económicas alternativas a partir de 2015.

Los críticos de las demandas estudiantiles señalan el trabajo de economistas, los cuales son vistos como más influyentes y de quienes dicen que su trabajo explica la crisis. Además argumentan que las metodologías utilizadas por otras escuelas carecen de rigor.

Tony Yates, profesor de Económicas en la universidad de Bristol, blogueó en respuesta a las demandas de Manchester: “Los estudiantes que quieren plantear una analogía entre la crisis financiera y los procesos orgánicos deberían dejar de comentar acerca de economía austriaca y empezar a trabajar en exóticas ecuaciones diferenciales no lineales (o mejor, empezar el lento y doloroso proceso de aprender a hacerlo). Si la heterodoxia va a ser la nueva ortodoxia, los estudiantes van a necesitar sufrir las pruebas de matemáticas dinámicas”.

Pero la frustración estudiantil – alimentada y diseminada a través de las redes sociales – se mantiene clara. El Sr. Cahen-Fourot, activo en el grupo Peps-Economie desde que se mudó a Paris en 2011, dice: “Sin cualquier tipo de coordinación, los estudiantes de todo el mundo sienten lo mismo acerca de la educación en economía. Empezamos a pensar que es un problema global”.

En diciembre pasado él envió correos electrónicos y mensajes a través de Facebook y, puntualmente, se comunicó a través de Skype a finales de enero. El Sr. Fraccaroli dice: “Hablamos cerca de 10 idiomas diferentes y muchos de nosotros – como yo – no somos angloparlantes nativos. Pero compartimos los mismos sentimientos. Tuvimos nuestras diferencias pero las resolvimos y se puede comprobar por la manera en que coordinamos nuestra campaña global”.

El actuar juntos ha fortalecido los esfuerzos individuales de los grupos. “Nos han solicitado presentarnos en varias ocasiones. Ahora se nos toma en serio como parte del discurso intelectual”, dice el Srita. Kaiser: “Hubo una reunión post-manifiesto en la universidad de Heidelberg sobre la reforma del programa a la cual asistieron muchos académicos-profesores de la facultad de economía. Hubo lleno total”.

Parcialmente inspirada por la carta, un grupo de Rethinking Economics ha sido fundado en Beijing.

Algunos temen que el renovado crecimiento global pueda acallar las llamadas por una reforma. “La crisis ha sido muy importante. La recuperación de la economía puede ayudar a que la gente pretenda que no hay nada mal”, dice Joe Earle, un miembro de la Sociedad de la Economía Post Crisis. “La vida estudiantil es muy pasajera y los cambios en el programa solo suceden con retraso así que necesitamos seguir presionando.”

Otros son más positivos. “La carta fue muy bien pensada. Ahora toca a las facultades escuchar y ser así de constructivas”, dice el Sr. Beinhocker. “Mi optimismo cree que empezarás a ver cambios”.

Las protestas estudiantiles han surgido y desparecido, y la cuestión de si las reformas al enmohecido programa serán atractivas para la mayoría permanece. El Sr. Vass está confiado. Dice que sus antiguos compañeros ya no lo ven como un desperdiciador de tiempo. “Aquella gente [que me decía que me callara] ahora viene y me dice: “Ahora entiendo por qué eras tan crítico”. Hay una actitud completamente diferente”.

Economics: Change of course

05/16/2014 | Claire Jones – Financial Times English

When Yuan Yang began her economics course in autumn 2008, she was shocked that within the cloisters of Balliol College, little attention was paid to the world outside. As Lehman Brothers’ bankruptcy left markets reeling, her lectures at Oxford university offered little to help her understand how the failure of a single US investment bank could cause global pandemonium.

Only when she voiced her disquiet to her tutor did she encounter theories that offered explanations for what was happening. “The crisis exposed how disconnected the teaching of economics is from helping students understand real-world events,” says Ms Yang, now a 23-year-old student at the University of Beijing. “When I discovered that, within economics, there was an alternative to what I was being taught, it was such a relief. I had felt like I was part of an intellectual enclave that had no consideration for what could be learnt from psychology, philosophy or anything else in the social sciences.”

Ms Yang is at the forefront of a growing movement of young economists calling for universities worldwide to reform the way they teach the dismal science. They believe exposure to a broader range of approaches is essential if their generation is to avoid the policy errors made in the run-up to the crisis, and to grapple with issues such as inequality and the economic consequences of climate change.

In 2012 Ms Yang helped found the Rethinking Economics network, aimed at changing what she describes as the subject’s isolation from public debate. The network has branches around the world, which are among the 42 student organisations that this month signed an open letter calling for the standard curriculum to be overthrown.

The students, who are scattered over 19 countries on four continents, are demanding professors scrap their focus on a single way of analysing the economy. The signatories, mostly in their twenties and early thirties, want more discussion of alternative theories and methods. Rather than just prepare them for a career in finance, they want their courses to grapple with the big problems of the economy.

“Most economics models we’re taught consider just one thing: profit. There’s little consideration of sustainability or equity,” says Nicolò Fraccaroli, the founder of one of the groups – Rethinking Economics Italia – and a student at Luiss Guido Carli in Rome. “Universities need to teach you how to do a job. But first we need to be sure that people who are going to move massive amounts of capital are conscious of what they’re doing.”

The open letter is part of a broader rebellion against mainstream economics teaching. It has gathered pace since the financial crisis dented the view among some in academia that economics had solved most of the world’s big economic conundrums.

Lena Kaiser said her interest in economics was piqued by wanting to understand inequality, the theme of Thomas Piketty’s bestseller, Capital in the 21st century. Her studies at the University of Mannheim left her disappointed. “The questions I wanted to discuss weren’t discussed at all. There was no critical thought whatsoever.”

In the 1980s it was common for students to sit modules in economic history and public economics. behavioural economics has long been researched and, in 2002, the psychologist Daniel Kahneman won the Nobel Prize for economics for his insights into decision making.

But over the past three decades, undergraduate courses have been increasingly dominated by the quantitative methods of the neoclassical school. Almost six years after the collapse of Lehman Brothers, the standard university course has barely changed. A study by Peps-Economie, a group of students who came together in 2009, found that just 1.7 per cent of modules in French universities covered economic history and there was just one course at a single university devoted to the epistemology of economics.

Eric Beinhocker, head of the Oxford Martin School’s wing of the Institute for New Economic Thinking, an organisation founded in 2009 by billionaire hedge fund manager George Soros, says: “The world has changed a lot. Economics has changed a lot, too. But the curriculum hasn’t.”

Reformers accept that policies with their roots in mainstream neoclassical economics helped contribute to the Great Moderation, the era of stability and prosperity in the decades running up to the crisis. Yet they view as myopic the focus on just one school of thought. Louison Cahen-Fourot, a member of Peps-Economie, says: “We’re not anti-neoclassical, or anti-maths. We just see it as one part of something much bigger.”

Those who studied before the crisis describe complacency among not only academics but also their fellow students. “When I started in 2004, I asked very critical questions in class. When I did, everybody said, ‘you’re wasting our time – we need answers for the exam’,” says Thomas Vass, the founder of Rethinking Economics’ New York branch. He is now a student at the city’s New School, which does offer more heterodox courses.

The turmoil since 2008 has provided a fresh catalyst for change. Camilla Cea, who was involved in student protests in Chile between 2011 and 2013, says: “The critics to today’s curriculum have long existed. [But] the financial crisis has acted as a trigger.”

Students are not alone in calling for reform. Support has come from policy makers including Andy Haldane, the Bank of England’s chief economist-designate, and Peter Mooslechner, an executive director at the Austrian National Bank. Wendy Carlin, a professor at University College London, who leads a project at the Institute of New Economic Thinking to reform undergraduate teaching by compiling course material from different schools of thought, says: “The [letter] is great – very open and constructive.”

Other academics have been more wary. The University of Manchester refused demands by students in its Post-Crash Economics Society to include an optional module for next year’s syllabus on alternative theories of financial crashes. Officials have said they will consider adding a module on alternative economic theories from 2015.

Critics of the students’ demands point to the work of economists they view as mainstream, whom they argue explain the crisis. They also contend that the methodologies used by other schools lack rigour.

Tony Yates, reader in economics at Bristol University, blogged in reply to the Manchester demands: “Students wanting to draw the analogy between the financial crash and organic processes had better stop chatting about Austrian economics and start crunching exotic non-linear ordinary differential equations [or rather, starting the slow and painful process of learning how to do it]. Even if heterodoxy is to be the new orthodoxy, students are going to need [to] suffer the trials of dynamic mathematics.”

Yet student frustration – fuelled and disseminated by social media – remains clear. Mr Cahen-Fourot, active in the Peps-Economie group since moving to Paris in 2011, says: “Without any co-ordination, students around the world had all had the same feelings about their economics education. We started to think it was a global problem.”

Last December he sent Facebook messages and emails, eventually arranging a Skype Call in late January. Mr Fraccaroli says: “We speak around 10 different languages and a lot of us – like me – are not native English speakers. But we shared the same feelings. We had some arguments but we solved them and the way we have co-ordinated our campaign around the world is proof of it.”

Acting together has strengthened the groups’ individual efforts. “We’ve been asked for several presentations. We are [now] being taken seriously as part of the intellectual discourse,” Ms Kaiser says: “There was a post-manifesto event at the University of Heidelberg on curriculum reform attended by several members of the economics faculty. It was packed.”

Partly inspired by the letter, a branch of Rethinking Economics has been founded in Beijing.

Some worry that renewed global growth could muffle calls for reform. “The crisis has been very important. Economic recovery helps people to pretend there is nothing wrong,” says Joe Earle, a member of the Post-Crash Economics Society. “Student life is very transient and curriculum change only happens with a lag so we need to keep the pressure up.”

Others are more positive. “The letter was very thoughtfully done. Now it’s up to faculties to listen and be as constructive,” Mr Beinhocker said. “I’m quite optimistic you will start to see change.”

Student protests have come and gone, and the question remains whether the mooted curriculum reforms would have mass appeal. Mr Vass is confident. He says his old classmates no longer view him as a time-waster. “Those people [who told me to be quiet] come up to me and say: ‘Now I understand why you were so critical’. There’s a completely different attitude.”

Copyright &copy “The Financial Times Limited“.
“FT” and “Financial Times” are trade marks of “The Financial Times Limited”.
Translation for Aerosolutions with the authorization of “Financial Times”.
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