Cuando los economistas se ponen de acuerdo… es momento de preocuparse

15/12/2014 | James Mackintosh – Financial Times Español

Ronald Reagan sugirió que se editara un Trivial en versión para economistas, con 100 preguntas y 3 mil respuestas. Cualquiera que reciba los resultados de investigaciones realizadas por los bancos está acostumbrado a la idea de que “si le preguntas algo a tres economistas obtendrás cinco respuestas diferentes”.

Y de momento algo interesante está sucediendo con las previsiones sobre economía: coinciden. Las previsiones sobre el crecimiento de los EE. UU. para el próximo año están dentro de los rangos más estrechos desde que el Consensus Economics comenzó a recopilarlos en 1989.

Estas previsiones tienen, sin embargo, unos precedentes miserables. La economía es un sistema demasiado complejo como para ser predicho acertadamente por tales modelos simplificadores; si ya es difícil decir qué fue lo que sucedió el año pasado, ya no digamos el próximo. Con algunos de los modelos más populares, siendo poco más que una manera cara de tomar el promedio de uno o dos años anteriores y la tendencia a largo plazo – mientras se ignora el vitalmente importante sistema bancario – no debería ser sorprendente que los resultados tengan poco parecido con las previsiones.

Sin embargo las previsiones tienen valor. Nos dicen lo que la gente está pensando, y por el momento todos están pensando lo mismo. La brecha entre la predicción más alta y la más baja para el crecimiento de los EE. UU. el próximo año es de 1,02 puntos porcentuales, la mayoría la pone alrededor del 3 por ciento (el consenso). De hecho, como señala Simon Smiles, director global de inversiones de UBS para el segmento de los ultra-ricos, sólo dos economistas de los 87 entrevistados por Bloomberg esperan que el crecimiento de los EE. UU. sea menor al 2,5 por ciento (la última vez que los EE. UU. crecieron más rápido, por una pequeña diferencia, fue en 2010).

Los economistas sólo habían coincidido tanto en sus previsiones de fin de año en tres ocasiones: a fines de 1999, 2006 y el año pasado.

En 1999 y 2006 se equivocaron espectacularmente. Los economistas coincidieron en proyectar la continuación de las burbujas cuando estaban a punto de terminar en una recesión. Este año no ha sido tan malo, pero las predicciones para el crecimiento de los EE. UU. en 2014 han sido reducidas tajantemente, al 2,2 por ciento, mientras Japón cayó sorprendentemente en recesión y Europa se estancó.

Para la eurozona las previsiones están aún más concentradas que las de los EE. UU., con un rango de 0,8 puntos alrededor del consenso de crecimiento del 1,1 por ciento. Las previsiones sobre Japón se han ampliado un poco, habiendo coincidido en abril más que en cualquier otro tiempo, mientras que el país estaba, sin ellos saberlo, cayendo en recesión.

Sólo porque todos los economistas digan que algo está por suceder no garantiza que no suceda. Pero una vez más las apuestas sobre un crecimiento endeble fueron ciertas al inicio de este año, mientras los inversores que se habían unido apostando contra los bonos gubernamentales de largo plazo gradualmente abandonaron sus esperanzas. El bono del Tesoro a 30 años de los EE. UU. ha proporcionado un 27 por ciento, haciendo de él uno de los valores con mejor desempeño en el mundo.

El rendimiento superior del bono este año no ha sido sólo por el desempeño en 2014, sino por el débil crecimiento global y los recortes al crecimiento a largo plazo (el potencial, donde las previsiones son acaso menos confiables).

Pero la proporción en la coincidencia acerca del próximo año ha sido reflejada en los mercados, donde los inversores han estado apostando a un euro débil y a un yen y un dólar fuertes. Incluso han cambiado su manera de apostar: el dólar ha pasado de ser un refugio, donde esconder dinero en días “sin-riesgo”, a ser una divisa a comprar cuando se está animado.

¿Qué puede salir mal? Francamente, nada. Respecto a las economías es que no conservan el impulso: la conexión entre el crecimiento de un año y el siguiente es tan débil que no tiene sentido. Los economistas habitualmente no se dan cuenta de que ha empezado una recesión (y reducen sus previsiones) hasta que está muy avanzada.

Así que mientras todas los indicadores actuales sugieren que el mercado está en lo correcto sobre una economía estadounidense más fuerte, con baja inflación y brotes de miedo deflacionario en Europa, y con un dólar más fuerte, el tamaño de esas apuestas es preocupante.

Consideremos esto: desde enero a diciembre de este año los economistas han reducido su predicción sobre el crecimiento de la eurozona el próximo año en 0,3 puntos hasta un 1,1 por ciento. Si eso sólo se revirtiera el próximo año, el desempeño del euro, la inflación y los valores debería ser mucho mejor que lo que los inversores esperan. Si acaso aumentara en 0,7 puntos – el promedio de cambio en la previsión de crecimiento del próximo año – hasta el 1,8 por ciento, la eurozona estaría en una burbuja, por lo menos para los estándares del continente.

Ninguna de éstas es una predicción. La apuesta por el dólar bien puede ser cierta. Pero el pasado muestra que los inversores deben ser humildes acerca de su habilidad para hacer previsiones sobre las economías. Tanta coincidencia en el dólar sugiere que muchos hayan olvidado esta lección.

When economists reach a conclusion, it is time to worry

12/15/2014 | James Mackintosh – Financial Times English

Ronald Reagan once suggested an economists’ edition of Trivial Pursuit, with 100 questions and 3,000 answers. Anyone who receives economics research from banks is used to the idea that if you ask three economists a question you will get five different answers.

Yet something interesting is happening to economic forecasts at the moment: they agree. Forecasts for US growth next year are in one of the tightest ranges since Consensus Economics first collected them in 1989.

These forecasts have, of course, a miserable record. The economy is too complex a system to be predicted accurately by such simplistic models; it is hard even to tell what happened last year, let alone next. With some of the most popular models being little more than expensive ways to take the average of the past year or two and the long-run trend – while ignoring the vitally important banking system – it should not be a surprise that the outcomes bear little resemblance to the forecasts.

The forecasts have value, though. They tell us what people are thinking, and at the moment they are all thinking the same. The gap between the highest and lowest predictions for US growth next year is 1.02 percentage points, as everyone clusters around 3 per cent (the consensus). Indeed, as Simon Smiles, global chief investment officer of the ultra-wealthy segment at UBS, points out, only two economists out of 87 surveyed by Bloomberg expect US growth of less than 2.5 per cent (the US last grew faster, very slightly, in 2010).

Economists have only agreed so closely on their end-of-year forecasts on three occasions: the ends of 1999, 2006 and last year.

In 1999 and 2006 they were spectacularly wrong. Economists agreed because they were all projecting the continuation of booms that were about to end in recession. This year has not been as bad, but predictions for 2014 US growth have been cut sharply, to 2.2 per cent, while Japan fell into a surprise recession and Europe stagnated.

In the eurozone, forecasts are even more tightly clustered than in the US, with a range of 0.8 points around the consensus of 1.1 per cent growth. Japanese forecasts have widened a bit, having agreed more than almost any time in history in April, as the country was, unbeknown to them, slipping into recession.

Just because economists all say something is going to happen does not guarantee it will not. But once again bets on growth being disappointing proved prescient at the start of this year, as the investors who had crowded into bets against long-dated government bonds gradually abandoned hope. The 30-year US Treasury has returned 27 per cent, making it one of the best-performing assets in the world.

Bond outperformance this year has been not just about 2014 performance, but about weaker global growth and cuts to forecast long-run growth (the potential, where forecasts are if anything even less reliable).

Still, the scale of agreement about next year has been mirrored in the markets, where investors have been betting on a weak euro and yen and a strong dollar. They have also changed the way they bet: the dollar has transformed from being a haven, to stash money on “risk-off” days, to a growth currency to buy when feeling good.

What could go wrong? Frankly, anything. The thing about economies is that they have no momentum: the connection between growth in a given year and in the next year is so weak as to be meaningless. Economists typically do not even realise a recession has begun (and cut their forecasts) until it is already well under way.

So while all the current measures suggest the market is right to bet on a stronger US economy, on low inflation and bouts of deflation fear in Europe, and so on a stronger dollar, the scale of those bets is worrying.

Consider this: from January to December this year economists have cut their prediction for next year’s eurozone growth by 0.3 points to 1.1 per cent. If that were merely to reverse next year, the euro, inflation and equities should perform far better than investors anticipate. If it were to rise by 0.7 points – the average change in the forecast for the next year’s growth – to 1.8 per cent, the eurozone would be booming, at least by the standards of the continent.

None of this is a prediction. The dollar bet may well prove right. But the past shows investors should be humble about their ability to forecast economies. The scale of the crowding into the dollar suggests many have forgotten this lesson.

Copyright &copy “The Financial Times Limited“.
“FT” and “Financial Times” are trade marks of “The Financial Times Limited”.
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