Con el precio del petróleo, lo llevamos crudo

El precio del barril de petróleo Brent, el de referencia en Europa, empezó a caer a mediados de 2015 y desde entonces no ha parado de bajar. Las razones parecen ser el exceso de oferta y el debilitamiento de la demanda: por un lado, tras el levantamiento de las sanciones internacionales a Irán por su programa nuclear, este país ha vuelto a exportar y EEUU ha aumentado su producción en los últimos años gracias a nuevos métodos de extracción como el fracking. Además, la actual recesión en China ha debilitado la demanda. Todo ello ha provocando desequilibrios en el mercado.

La Organización de Países Exportadores de petróleo (OPEP) se fundó en los años 60 y actualmente está formada por 13 países: seis en el Medio Oriente (Arabia Saudita, Emiratos Árabes, Unidos, Catar, Kuwait, Irak, Irán), cuatro en África (Libia, Nigeia, Angola, Argelia) y dos en Sudamérica (Venezuela y Ecuador). Arabia Saudita es, con mucho, el mayor exportador de petróleo del mundo y por este motivo, ejerce de líder dentro de la organización.

En 2014, la organización estudió la posibilidad de rebajar la producción de crudo para proteger el precio del barril pero finalmente esta decisión no se aprobó por temor a que otros países productores, no pertenecientes a la OPEP, ganaran posiciones, especialmente EEUU y Rusia, que no están dispuestos a reducir su producción, México o Kazajistán.

Por lo tanto, actualmente, la OPEP mantiene el nivel máximo de producción, 30 millones de barriles diarios, pero ha bajado el precio. De esta forma, garantiza su parte del pastel, aún a costa de un precio volátil y menores beneficios.

¿A quién beneficia y a quién perjudica?
Beneficia a los países en desarrollo porque podrán adquirirlo más barato y dedicar ese dinero a crecer globalmente. Para muchos de estos países importadores, los precios más bajos contribuyen al crecimiento y reducen las presiones fiscales, inflacionarias y externas.

Perjudica a EEUU porque detiene su producción propia, mucho más cara (los costes del fracking son muy elevados) y a los países productores más pobres como Venezuela, Ecuador y los africanos que obtienen menores ingresos.

¿Y qué pasa con los países que compran petróleo, como España? Deberían obtener mejores resultados porque a menor gasto en importaciones de energía, mayor renta disponible para las empresas y las familias. Pero, ¿qué ocurre en realidad? Pues que si baja el precio del petróleo, claro factor de inestabilidad, los inversores huyen y la bolsa baja.

Por otro lado, está el ciudadano de a pie que se pregunta: si cae el precio del petróleo, ¿no deberían caer en la misma proporción los precios de los transportes, o de la gasolina cuando lleno el depósito de mi coche?

Pues no, eso no ocurre así El precio final que los consumidores pagamos no está directamente relacionado con el del petróleo. De hecho, el precio del barril no representa ni una tercera parte del precio final que pagamos cuando repostamos en una estación de servicio. El precio final depende de otros factores como los impuestos y los tributos. ¡Esos no bajan! El 58% del precio de la gasolina y el 56% del gasóleo en España son impuestos. Esa es la razón por la que pagamos un poco menos pero no tanto como podría parecer por el bajo precio del petróleo.

Autora: Elvira Calvo (17 de febrero de 2018)

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